Sexualidad

Rompiendo tabús: Derribamos 12 mitos sobre la menopausia

Rompiendo tabús: Derribamos 12 mitos sobre la menopausia

Rompiendo tabús: Derribamos 12 mitos sobre la menopausia 1500 998 BELÉN PICADO

La menopausia no es una enfermedad, sino una etapa de transición natural en la vida de la mujer que todas vamos a experimentar antes o después. Sin embargo, en pleno siglo XXI sigue rodeada de creencias erróneas e ideas preconcebidas que no solo generan confusión, sino también ansiedad e inseguridad, perpetuando el estigma social que aún la acompaña. Por esto es tan importante  abordar y desmontar los mitos sobre la menopausia. Así podremos transitar este periodo con mayor confianza y bienestar.

Es cierto que se trata de un periodo que presenta desafíos y dificultades, pero no más que otras etapas en el largo ciclo de la vida. No hay que dejarse asustar por frases apocalípticas como «La menopausia es el principio del fin» y similares. Sobre todo, porque no es así.

Me gusta mucho lo que dice la psicóloga y escritora Anna Freixas en una entrevista para El País sobre los motivos que hay detrás de este miedo a la menopausia: «Ha habido culturalmente una definición de mujeres como seres para la reproducción, un útero con patas. Lo que pasa es que esa definición ahora no nos sirve. En nuestra cultura, las mujeres no tienen hijos o tienen muy pocos y nuestro sentido de la vida no es la reproducción. Además, vivimos muchos años más: a los 50 tenemos la menopausia y nos morimos a los 90. Estos 40 años, de los 50 a los 90, son casi más significativos que los 40 anteriores, no podemos pensar que la mitad de nuestra vida es una vida sin sentido».

Mitos sobre la menopausia.

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Para perder ese miedo, vamos a explorar algunos de los mitos más comunes sobre esta fase de la vida y, de paso, a encontrar una visión más equilibrada y precisa de lo que realmente es. Empecemos:

1. «La menopausia comienza cuando una mujer deja de tener el periodo»

La menopausia no es algo que suceda de la noche a la mañana; es un proceso gradual que varía de una mujer a otra. De hecho, muchos síntomas comienzan a producirse bastante antes, durante la perimenopausia. Esta etapa, también conocida como transición menopáusica, es previa a la última menstruación y puede durar varios años. Se trata de un periodo en el que van produciéndose alteraciones del ciclo y también un progresivo descenso hormonal, sobre todo de estrógenos y progesterona, que favorece la aparición de algunos de los signos asociados a la menopausia: sofocos, insomnio, cambios de humor, etc.

La transición culmina con la menopausia propiamente dicha, que se ‘oficializa’ después de 12 meses consecutivos sin menstruación.

2. «La menopausia empieza a los 50 años»

No existe una edad fija universal para entrar en ella. Si bien es común que ocurra entre los 45 y los 55 años, también es posible que aparezca antes o después. La menopausia precoz, que puede comenzar antes de los 40 años, afecta a un pequeño porcentaje de mujeres y puede estar influenciada por factores como la genética, el estilo de vida o condiciones médicas como ciertas enfermedades o intervenciones quirúrgicas. Igualmente, algunas mujeres tienen una menopausia tardía, pasada la edad promedio.

3. «Ya soy una mujer mayor»

Es bastante habitual que se asocie menopausia a vejez. Es más, uno de los mayores temores de muchas mujeres es que los demás sepan que han traspasado este umbral invisible. De este modo, una etapa que debería normalizarse y transitarse sin miedo, se convierte en un tema tabú del que no se debe hablar y que hay que esconder para que nadie descubra que «nos hemos hecho viejas».

Obviamente, los años pasan y vamos haciéndonos mayores (todos y todas). Pero la menopausia no nos convierte en ancianas. Simplemente, porque lo que marca el envejecimiento no es llegar a esta etapa de la vida, sino nuestra edad cronológica y biológica. Es decir, los años que tenemos y nuestro estado de salud.

Como decíamos al principio, no es cierto que la menopausia sea el principio del fin ni tampoco que marque el inicio del declive físico y emocional. Estamos ante una fase que nos brinda una nueva oportunidad para priorizarnos y concentrarnos en nuestro bienestar, desarrollar nuevas pasiones, establecer nuevas metas y aprovechar los beneficios de no tener que preocuparnos por la menstruación o el embarazo.

4. «Los síntomas de la menopausia son inevitables y hay que aprender a vivir con ellos»

Esta falsa creencia puede generar mucha preocupación innecesaria. Aunque los sofocos, la sequedad vaginal o el insomnio son comunes, no son ineludibles ni permanentes y la duración e intensidad de los síntomas varían según los casos. Hay mujeres que los experimentan durante algunos meses, mientras que otras los tendrán durante más tiempo. Sin embargo, hay medidas que podemos tomar para aliviarlos y mejorar significativamente nuestra calidad de vida, comenzando por hacer algunos reajustes en nuestro día a día, como cuidar la alimentación, mantener una higiene de sueño adecuada, hacer ejercicio regularmente, y mantener un peso saludable. A veces, pequeños cambios, como el uso de ropa ligera y el manejo del estrés a través de técnicas de relajación, pueden tener un impacto muy positivo.

Además, la medicina ofrece múltiples opciones para aliviar y reducir estos problemas. Para la sequedad vaginal, los lubricantes y los humectantes vaginales son muy útiles. Y en algunas ocasiones los tratamientos hormonales pueden ser eficaces también.

5. «Todas las mujeres tienen los mismos síntomas»

Cada cuerpo es único. Ni todas experimentamos los mismos síntomas, ni los tenemos con la misma intensidad, frecuencia o duración. De hecho, alrededor del 25% de las mujeres no presentan signos significativos. El resto puede tener una variedad de manifestaciones, que van desde los tradicionales sofocos, sequedad vaginal, y sudores nocturnos, hasta insomnio, ansiedad, y problemas cognitivos como la dificultad para concentrarse.

Es importante recalcar que la severidad puede depender de múltiples factores, incluyendo la genética, el estado emocional y la salud en general. Muchos síntomas que se atribuyen únicamente a la llegada de la menopausia también están relacionados con el estilo de vida, como los problemas cardiovasculares o la osteoporosis. En este último caso, aunque los estrógenos ayudan al cuerpo a absorber el calcio de los alimentos, la aparición de la osteoporosis no se debe únicamente la ausencia de la menstruación, sino a más factores (déficit de calcio y vitamina D, aspectos genéticos, consumo de alcohol y tabaco, administración prolongada de ciertos fármacos, etc.).

6. «Ninguna mujer puede escapar de los sofocos»

Este es uno de los mitos más comunes. Es cierto que alrededor del 70% de las mujeres los experimentan, pero otras no llegan a tenerlos, los sienten de manera leve o durante menos tiempo. Los sofocos se producen porque, al no funcionar correctamente el centro de regulación de temperatura del cerebro, los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de la piel se dilatan, aumentando el flujo sanguíneo y provocando el síntoma.

7. «Del aumento de peso no te libras»

Aunque la reducción en los niveles de estrógenos puede favorecer el aumento de grasa abdominal (la grasa de las caderas y muslos se redistribuye y pasa a almacenarse en el estómago), llegar a la menopausia no implica que se vaya a ganar peso automáticamente. El aumento de peso que experimentan algunas mujeres está más relacionado con el envejecimiento y los cambios en el estilo de vida que con la menopausia en sí.

Es posible mantener un peso saludable adaptando nuestra rutina a la nueva situación. ¿Cómo? A través de una dieta equilibrada y ejercicio regular. El fortalecimiento muscular y los ejercicios de fuerza pueden ayudar a contrarrestar la pérdida de masa muscular, que también es común con la edad. Ahora bien, es tan importante comprender que tenemos control sobre nuestro bienestar físico durante esta etapa, como lo es no obsesionarnos. Antes que convertir esos tres o cuatro kilos de más en una obsesión, es preferible lucirlos.

8. «Menopausia es sinónimo de depresión»

Aunque la menopausia trae consigo cambios que suelen afectar el estado de ánimo, no es correcto afirmar que todas las mujeres experimentarán depresión durante esta etapa. Es posible que aparezcan síntomas emocionales como tristeza, irritabilidad o ansiedad debido a las fluctuaciones hormonales, pero, por lo general, son temporales.

La confusión puede surgir porque, efectivamente, algunas mujeres son más vulnerables a desarrollar depresión durante la menopausia, especialmente si tienen antecedentes de trastornos del estado de ánimo o si están lidiando con otros aspectos estresantes como la pérdida de seres queridos, cambios en la dinámica familiar (como el «síndrome del nido vacío» o problemas de pareja) o dificultades laborales. Estos factores externos, sumados a los cambios hormonales, pueden aumentar el riesgo de depresión, pero no todas las mujeres menopáusicas pasan por esto.

En cualquier caso, si el bajo estado de ánimo se mantiene, es muy importante no normalizarlo como algo inevitablemente unido a la menopausia y buscar ayuda profesional (especialmente si se ha sufrido depresión en otro momento de la vida).

(Si lo deseas, puedes ponerte en contacto conmigo y te acompañaré en tu proceso)

Mitos sobre la menopausia.

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9. «La mujer deja de ser atractiva»

Tener o no la menstruación no tiene nada que ver con el atractivo personal de una mujer, algo que, además, va mucho más allá del aspecto físico. El atractivo no depende exclusivamente de la edad ni de la capacidad reproductiva. De hecho, son cada vez más las mujeres que redescubren su feminidad y sensualidad durante esta etapa de la vida. Se sienten más seguras de sí mismas, liberadas de expectativas sociales y más conectadas con su cuerpo y su bienestar.

Es fundamental desafiar estos estereotipos, ya que perpetúan inseguridades y falsas creencias sobre el valor de la mujer a medida que envejece. Lo que ocurre es que nuestro atractivo ya no está tanto en la forma del cuerpo como en quiénes somos realmente. El atractivo es multifacético, abarca mucho más que la apariencia física, y no desaparece con la llegada de la menopausia. Al contrario, puede evolucionar y manifestarse de nuevas maneras, a través de la confianza, la experiencia, la sabiduría y la autenticidad. Eso sí, primero tenemos que gustarnos nosotras.

Pongamos en valor otros aspectos de nuestra identidad y demos una vuelta al concepto de belleza. Los gestos, la voz, las arrugas, las curvas o las canas pueden ser bellos y también eróticos.

10. «La menopausia reduce la capacidad intelectual»

Algunas mujeres temen que la menopausia afecte su capacidad intelectual, debido a la «niebla mental» (o confusión mental) que suele acompañar esta etapa. Sin embargo, estos síntomas suelen ser temporales y se deben más a la fatiga o los problemas para dormir que a un deterioro cognitivo irreversible. No representan una disminución permanente en la capacidad cognitiva ni de la memoria, más allá de los efectos del propio envejecimiento. Con el tiempo, muchas mujeres encuentran que su claridad mental regresa. Mantenerse cognitivamente activa, a través de actividades como la lectura o el aprendizaje de nuevas habilidades, contribuye a mantener la mente en forma.

Hay estudios que confirman una disminución del aprendizaje y el empeoramiento de la memoria y la atención en el periodo que va de la premenopausia hasta la postmenopausia, pero en la mayoría de los casos es algo pasajero que va solventándose al reequilibrarse las hormonas y al ir reduciéndose otros síntomas que también afectan a las funciones cognitivas, como las alteraciones del sueño.

11. «Adiós a mi vida sexual»

Aunque es verdad que los cambios hormonales pueden afectar temporalmente a la libido, a menudo debido a la sequedad vaginal y las molestias durante las relaciones sexuales, esto no es universal ni irreversible, ni significa que el deseo sexual desaparezca. Hay muchos factores que influyen,  además de los biológicos. Variables emocionales como el estrés, la ansiedad o problemas en la relación también juegan un papel importante.

No debemos olvidar que cada mujer vive la menopausia y su sexualidad de forma diferente. Para unas es un periodo muy complicado y para otras una liberación. Hay mujeres, por ejemplo, que han vivido muy enfocadas en la maternidad y para quienes la llegada de la menopausia coincide con el síndrome del nido vacío, entrando en una crisis que puede afectar también a su relación de pareja.

Otras, sin embargo, llegado este momento viven más intensamente su propia sexualidad, sienten que por fin pueden vivir como quieren y dejan a un lado la preocupación por ser deseadas para enfocarse en su propio deseo. Esto es justo lo que ocurre en la película Buena suerte, Leo Grande. Emma Thompson interpreta a una mujer madura que después de toda una vida sin saber lo que es tener un orgasmo, se atreve a vivir la experiencia del sexo como nunca antes lo había hecho.

En cualquier caso, hay muchas opciones para mantener viva nuestra sexualidad. Además de recurrir a productos como lubricantes específicos o tratamientos hormonales localizados, si los cambios en la vagina dificultan la penetración, también es buen momento para echar por tierra otro mito, el de que «sin penetración no hay placer». No tengas reparo en hablar abiertamente sobre cómo te sientes y qué necesitas. Y anímate a explorar (juegos y juguetes sexuales, masajes, etc.) sin enfocarte exclusivamente en la penetración.

Igualmente, la masturbación aporta numerosos beneficios. No solo mejora el estado de ánimo, sino que permite regular el sueño y ayuda a prevenir la atrofia vaginal gracias al aumento de la irrigación sanguínea en la zona. También puedes animarte con el mindfulness, el yoga o los ejercicios de Kegel, que te ayudarán a mejorar tu conciencia corporal y tu respuesta sexual.

Y recuerda: el órgano sexual más importante es el cerebro.

Buena suerte, Leo Grande

Emma Thompson en una escena de «Buena suerte, Leo Grande».

12. «La menopausia no tiene ningún beneficio»

Totalmente falso. La vida postmenopáusica tiene importantes ventajas, entre ellas:

  • Gozas de una mayor libertad sexual porque ya no tienes que pensar en un posible embarazo.
  • Dices adiós los malestares propios de la regla y a esos síntomas premenstruales que te traían por la calle de la amargura (distensión abdominal, migrañas, cambios en el estado de ánimo, etc.).
  • Estás en un momento de tu vida en que sabes bien lo que quieres y lo que no. No estás para perder el tiempo…
  • Si eres madre, lo más seguro es que hayas finalizado la crianza o, al menos, esté ya bastante adelantada.
  • Puedes permitirte rebelarte contra todas esas reglas en cuanto a lo que significa ser mujer y decir bien alto: «¡Esta soy yo!». Cada vez hay más mujeres que presumen de arrugas y de canas. Dejan de teñirse y lucen su pelo blanco como una declaración de intenciones. Y si irrumpe un sofoco, en vez de tratar de ocultarlo, sacan su abanico y listo.

Al final, todo es cuestión de perspectiva. Puedes ver la menopausia como una etapa de pérdidas o asociarla a un momento de cambios y sobre todo de libertad. Tú eliges.

“No hay mayor poder en el mundo que el entusiasmo de una mujer posmenopáusica” (Margaret Mead, antropóloga y escritora)

 

Oxitocina, el mejor antídoto contra el coronavirus esta Navidad

Más oxitocina para que el coronavirus no te amargue (aún más) la Navidad

Más oxitocina para que el coronavirus no te amargue (aún más) la Navidad 1254 836 BELÉN PICADO

Hormona del amor, del apego, de la confianza o de la monogamia son solo algunos de los nombres que recibe la oxitocina, una sustancia secretada de forma natural por el propio organismo. Aunque su función más conocida es la de estimular las contracciones del final del parto y la producción de leche materna, también cumple con otros cometidos. Por ejemplo, entre muchas otras cosas, reduce el estrés, regula la presión sanguínea y nos ayuda a conectarnos con los demás. Justo lo que necesitamos en tiempos de coronavirus y muy especialmente en estas fechas navideñas.

Afortunadamente, podemos aumentar nuestros niveles de oxitocina de modo natural y sin efectos secundarios. Así que os propongo aprovechar esta circunstancia como ayuda extra para poder disfrutar de unas Navidades, cuando menos atípicas. Pero antes, vamos a saber un poco más acerca de esta hormona, implicada en comportamientos relacionados con la confianza, la generosidad, la formación de vínculos, los comportamientos de cuidado o la empatía.

Dónde se genera la oxitocina

La oxitocina puede actuar como hormona y como neurotransmisor y se genera en una estructura del encéfalo llamada hipotálamo. De aquí es conducida a la hipófisis, donde es almacenada para ser enviada luego donde se necesite. Cuando actúa como hormona, viaja a través del torrente sanguíneo a distintos órganos, por ejemplo, para producir las contracciones en el útero y la secreción de la leche materna. Y cuando funciona como neurotransmisor produce múltiples efectos en el sistema nervioso central. Entre ellos, interviene en la regulación del miedo, eliminando las respuestas de parálisis.

La oxitocina puede liberarse, tanto en el cerebro como en la sangre, con acciones tan simples como recibir un abrazo, ser escuchado, reír, comer chocolate, escuchar buena música, tener un orgasmo, etc.

Además, se produce un ‘efecto contagio’. Susan Kuchinskas, autora del libro La química de la conexión, explica que cuanta más oxitocina esté circulando por el organismo más células la liberarán también. Cuando captamos una señal positiva como que alguien nos sonría, el hipotálamo libera una pequeña cantidad de oxitocina en el cerebro y esta, a la vez, estimula a las demás células para que liberen todavía más.

(En este blog puedes leer el artículo Cómo influyen los abrazos en nuestro bienestar psicológico)

En qué procesos interviene

La oxitocina interviene en numerosos procesos. De hecho, cada poco tiempo siguen descubriéndose nuevas funciones. Estas son algunas de ellas:

  • Es esencial en el momento del parto y en la lactancia. Además de provocar las contracciones que dilatan el cuello del útero y que permiten que el niño nazca, interviene en la creación del vínculo entre la madre y el bebé. También se libera en ambos durante la lactancia. Cuando el bebé succiona el pecho, la oxitocina se libera en el torrente sanguíneo de la madre, se transfiere a la leche materna y de esta pasa al niño. La mayor concentración de oxitocina endógena que una persona puede experimentar se produce durante el parto y después durante la lactancia.
  • Menos miedo. Investigadores del Centro de Psiquiatría y Neurociencias de la Universidad suiza de Lausanne realizaron un estudio y encontraron que la oxitocina inhibía las respuestas de miedo en la amígdala, en particular las que nos paralizan. Esto significa que lo que hace esta hormona es mantener la sensación de miedo sin que nos quedemos del todo bloqueados. Así, aunque la percepción del peligro permanezca podemos actuar de forma más juiciosa.
  • Genera el placer durante el orgasmo. Tanto en hombres como en mujeres, la oxitocina tiene un papel fundamental en la excitación sexual y en el orgasmo. Sus niveles aumentan durante el acto sexual y alcanzan el nivel máximo durante el orgasmo, provocando la contracción de las fibras musculares que permiten la eyaculación o las contracciones uterinas.
  • Nos conecta con los demás. La oxitocina está estrechamente relacionada con la creación y el mantenimiento de lazos afectivos y no solo entre madre e hijo, entre familiares o entre los miembros de una pareja. De hecho, aumenta de forma natural cuando hablamos con amigos, nos acarician o miramos a un bebé. Esta función tiene mucho que ver con la evolución de nuestra especie. De algún modo, la oxitocina funciona como un ‘pegamento’ que nos mantiene unidos a los demás, reforzando los lazos sociales y aumentando la generosidad y la empatía.

  • Propicia la monogamia y la fidelidad. Varias investigaciones han demostrado que la explicación de que los topillos de la pradera sean una de las pocas especies monógamas que hay en el mundo animal está en que tienen más receptores de oxitocina que otras especies parecidas no monógamas. Al contrario de lo que sucede con otros animales, que rehúyen a la hembra tras el apareamiento, estos roedores establecen un fuerte vinculo e, incluso, cuidan juntos a sus crías. En el caso de los seres humanos, cuando una persona tiene una relación sexual estable y satisfactoria con otra también se hace ‘adicta’ a su oxitocina. Precisamente, investigadores de las universidades escocesas de Edimburgo y Saint Andrews analizaron las razones por las que las personas mantienen o no una pareja y descubrieron que la producción de oxitocina está relacionada con la capacidad para conservar una pareja durante un largo período de tiempo.
  • Favorece la relajación y la calma. La oxitocina juega un papel fundamental en la regulación del estrés. ¿Cómo? Disminuyendo la actividad del sistema nervioso simpático, que es el que nos mantiene alerta, y aumentando los niveles de opiáceos endógenos. De este modo, se reduce la tensión arterial y el ritmo cardiaco y disminuyen las hormonas del estrés, dando paso a una sensación de bienestar y relajación.
  • Aumenta la confianza. La capacidad de poder confiar en otra persona, tanto en las relaciones amorosas, como en la amistad o incluso en los negocios, también está regulada por la oxitocina. Esto se debe en parte a que reduce la actividad en los circuitos cerebrales que procesan el miedo.

Aumentar la oxitocina de forma natural

Ya pases estas fechas con parte de tu familia o solo/a, seguro que puedes aumentar tus niveles de oxitocina con alguna de estas propuestas.

  • Acompaña tus días con música. La música nos ayuda a sobrellevar mejor situaciones difíciles, ya que estimula la producción de las llamadas sustancias de la felicidad: endorfinas, dopamina y, por supuesto, oxitocina. De hecho, cuando escuchamos una melodía que nos gusta se activan en el cerebro los mismos centros de placer que si estuviéramos comiendo chocolate o haciendo el amor. Además, a través de la música y sus letras evocamos situaciones que hemos vivido y sentimos más cerca a las personas con las que nos gustaría estar y compartir.
  • Haz ejercicio. Actividades como salir a correr, hacer senderismo o bailar también estimulan la liberación de oxitocina. Un estudio demostró que atletas que competían en carreras de larga distancia tenían mayores niveles de esta hormona después de completar una maratón que antes de hacerlo. Y si lo tuyo son los deportes más tranquilos, anímate a practicar yoga. La sensación de bienestar después de cada práctica tiene mucho que ver con la oxitocina. Es más, muchas posturas y técnicas de respiración van encaminadas a ‘descongestionar’ el hipotálamo y la hipófisis, que son justamente los órganos encargados de la liberación de esta hormona.
  • Iníciate en la meditación. Se trata de una potente y valiosa herramienta que nos ayuda a aumentar los niveles de oxitocina en sangre y, a la vez, contribuye a relajar cuerpo y mente. Esto nos permite alcanzar la calma y el equilibrio interior y, en consecuencia, reducir el estrés.
  • Practica la generosidad y el altruismo. No se trata de gastarnos todos nuestros ahorros en un gran presente. Basta con sorprender con un detalle o, incluso, regalando parte de nuestro tiempo para favorecer la conexión con los demás.  Lo que realmente desata la liberación de oxitocina es el hecho de pensar en la otra persona con cariño y con ganas de agradarle.
  • Llora cuanto necesites. Ya sea que las Navidades en general te ponen triste o que estas en particular te tengan llorando por los rincones, no te cortes a la hora de derramar las lágrimas que necesites. Cuando estamos tristes y lloramos aumentan los niveles de oxitocina a la vez que disminuyen los de adrenalina y cortisol, sustancias relacionadas con el estrés. Por eso, tras un episodio de llanto es habitual que encontremos alivio y calma.
  • Pero no te olvides de sonreír. Solo hacer la mueca de la sonrisa, independientemente de que haya un motivo o no, es suficiente para empezar a sentirse bien. Y es que, en el cerebro, se pone en marcha un proceso bioquímico en el que se ven implicadas al menos siete hormonas, entre ellas la oxitocina. En caso de que estés pensando que, total, con la mascarilla nadie va a darse cuenta, busca otra excusa. Porque cada vez que sonríes, si bien la mitad de esa sonrisa es para los demás, la otra mitad es para ti. Y como la primera persona que va a beneficiarse eres tú, puedes aprovechar para empezar a regalarte sonrisas más a menudo. Además, la sonrisa también puede verse en los ojos… lo que nos lleva al siguiente punto.

  • Mira a los ojos. Algo tan sencillo como mirar a los ojos, cuando se hace de forma no amenazadora, aumenta de forma natural la oxitocina y la fuerza del vínculo social. De hecho, es esta hormona la que hace que las personas se sientan inclinadas a sostener un contacto visual más prolongado con sus seres queridos. Y si la mirada va a acompañada de una sonrisa, mucho mejor.
  • Cuida tu vida social. Mantén el contacto con tus amigos y tu familia. Si puedes hacerlo en persona, fenomenal; y si no, comunícate con ellos a través de videollamadas. Conversar vía on line con alguien que te importa también te nutrirá y te hará sentir bien. Y no olvides practicar la escucha activa. En la comunicación tan importante como hablar es escuchar. Saberse comprendido, escuchado y validado fortalece el vínculo y, por tanto, favorece la activación de oxitocina.
  • Sé amable. Como en el caso de la sonrisa, la amabilidad aumenta la liberación de oxitocina en doble dirección. Cuando animamos a alguien, le consolamos y tenemos un gesto amable, no solo estamos facilitando el aumento de esta hormona en esa persona. A la vez, el hecho de ser nosotros quienes apoyemos a los demás revierte positivamente en nuestros propios niveles de oxitocina.

¿Y el contacto físico?

Sin duda, el contacto físico es una de las formas más importantes de aumentar los niveles de oxitocina, sobre todo con alguien significativo para nosotros. Cuando abrazamos, nos tocan o recibimos un masaje se activa la hormona del amor y se refuerza el sistema inmunológico. Por ello hay que recurrir a él siempre que sea posible, ya sea a través del sexo con nuestra pareja, abrazos a familiares o amigos o caricias a nuestros hijos.

En estas demostraciones físicas de cariño, tan gratificantes y nutritivas, están incluidas las que dedicamos a nuestras mascotas. Pese a que todos sabemos que un animal no es un ser humano, nuestro cerebro reacciona del mismo modo. También segregamos oxitocina cuando los tenemos cerca o los abrazamos.

Desafortunadamente, la irrupción de la COVID-19 lo ha trastocado todo. Se impone la prudencia y la necesidad de limitar este tipo de contacto cuando no estamos entre convivientes. Lo mejor para aliviar el “hambre de piel” que nos invade a muchos es reforzar el contacto físico con quienes convivimos o expresar nuestros sentimientos y demostrar nuestro cariño a través de los gestos o las palabras con quienes no convivimos. Si, de todos modos, necesitas un chute directo de oxitocina y piensas dar o recibir algún que otro achuchón, mejor limita al máximo el riesgo:

  • No abraces a nadie con síntomas de COVID.
  • Utiliza siempre mascarilla.
  • Durante el abrazo evitad juntar las mejillas. Mejor girar la cara en la dirección opuesta para evitar el contacto. En el caso de abrazos con niños, que el niño abrace al adulto a la altura de la cintura o de las rodillas. El adulto, por su parte, debe abrazar al niño por la espalda y/o besarle en la nuca.
  • Procura que el tiempo de contacto sea lo más corto posible y aléjate rápido para no respirar cerca de la cara de la otra persona. También es muy importante no hablar ni toser durante el abrazo.
  • No abraces a personas que pertenezcan a grupos especialmente vulnerables, como ancianos u otras personas de riesgo.
  • Contén la respiración en la medida de lo posible durante los segundos que dure el abrazo. Así evitarás transmitir o inhalar gotas respiratorias infecciosas.
  • Lávate o desinféctate las manos antes y después.

Estas Navidades toca mirarnos más que nunca a los ojos, confiar, ser amables, regalarnos sonrisas y, sobre todo, no dejar que la COVID-19 nos amargue las fiestas.

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Cáncer de mama: Tu feminidad está dentro de ti, no en tus senos

Cáncer de mama: Tu feminidad está dentro de ti, no en tus senos 1280 853 BELÉN PICADO

Recibir un diagnóstico de cáncer de mama es uno de los momentos más angustiosos que pueda experimentar una mujer y también el inicio de un proceso largo, complicado y doloroso que, si no se maneja adecuadamente, traerá aparejados otros problemas, como ansiedad o depresión. Una característica específica de este tipo de cáncer es que afecta a un órgano que tiene una relación muy estrecha con la sexualidad, la feminidad y la propia identidad de la mujer, lo que hace que el daño o la pérdida de una o de ambas mamas tenga importantes secuelas psicológicas. Dependiendo de la gravedad del tumor, la personalidad de quien lo sufre, sus recursos personales y la disponibilidad y percepción de apoyo de su entorno, la mujer experimentará alteraciones más o menos significativas en su calidad de vida.

Perder un pecho conlleva mucho más que una mutilación física. Mientras que algunas mujeres atraviesan su duelo y siguen adelante con su proceso tras haber aceptado lo que les ha tocado vivir, otras ven tambalear su propia esencia: se siente menos mujeres, menos atractivas, menos personas… Y es que el cáncer de mama afecta a su autoestima global, amenazando no solo el concepto que tienen de sí mismas sino también los vínculos que las unen a personas significativas para ellas. Y todo ello sin olvidar la gran conmoción que supone padecer una enfermedad que, potencialmente, es una amenaza para la vida.

Muchas mujeres sienten que lo primero que las define como tales son sus senos y su extirpación equivale a la pérdida de la misma feminidad.

Impacto físico, emocional y social

Al no ser el cáncer algo puntual sino un proceso que se extiende a lo largo del tiempo, la mujer tiene que enfrentarse a numerosas situaciones estresantes. Estas situaciones van desde los primeros síntomas y el miedo a que el diagnóstico se confirme hasta la disminución de la calidad de vida que conlleva el tratamiento, pasando por el malestar añadido que conlleva la incapacidad para la comunicación y la falta de empatía de algunos médicos.

El impacto de la enfermedad afecta a distintos ámbitos:

  • En lo somático, y debido a los diversos tratamientos, la mujer ve alterada su función reproductora y su simetría corporal, lo que le lleva a mantener un estado de alerta continuo acerca de su aspecto. También le afecta la caída temporal del cabello y la fatiga debido a la quimioterapia, así como las consecuencias de una menopausia prematura provocada (sofocos, irritabilidad, cambios de humor, ausencia de deseo, sequedad vaginal…).
  • Emocionalmente, el cáncer genera ansiedad, tristeza y depresión, ira, temor y preocupación ante la posibilidad de una recaída o, incluso, de morir. En la montaña rusa de emociones, es habitual que la mujer que se somete a una mastectomía tenga la sensación de «haber perdido una parte de ella misma». También puede producirse una pérdida de la confianza en sí misma y en el propio cuerpo e incluso aparecer sentimientos de culpa.
  • Socialmente, las relaciones personales, y especialmente las de pareja, pueden verse muy afectadas, sobre todo debido a la falta de comunicación. En ocasiones surgen sentimientos de vergüenza por padecer una enfermedad oncológica; en otras, esa vergüenza se siente por la ausencia de la mama; o por los cambios sufridos en el aspecto físico (cicatrices, cambios en el volumen).

Un proceso largo y complejo

El momento del diagnóstico es uno de los momentos de mayor tensión y más difícil emocionalmente. Las primeras reacciones de shock, confusión, negación e incredulidad pronto dejan paso a la incertidumbre, la tristeza, la rabia o el desamparo. En realidad, estas emociones son una reacción adaptativa normal, que ayudan a asimilar el diagnóstico, afrontar la situación, tomar conciencia de las propias necesidades, movilizar energía para el afrontamiento y comunicar a otros esas necesidades.

Incluso aunque el tratamiento haya concluido con éxito, las pacientes seguirán sintiéndose vulnerables ante el temor a una recaída y más cuando tienen que acudir a las revisiones.

La intensidad, la frecuencia o la duración de la respuesta emocional dependen en gran parte del grado de vulnerabilidad personal. En esta vulnerabilidad, a su vez, influyen varios factores: el deterioro de la condición física, la edad (a menor edad mayor malestar), una historia familiar o personal de morbilidad psiquiátrica, baja capacidad de afrontamiento ante problemas previos a la patología, experiencia previa indirecta con la enfermedad, escaso grado de asimilación de la información médica proporcionada, insatisfacción con el apoyo familiar, sanitario y social recibido; y menor percepción de control sobre los acontecimientos.

Vida afectiva y sexual: comunicación y mucho, mucho cariño

En la mayoría de los casos, la pareja suele estar dispuesta a ayudar. Es posible que, al principio, se encuentre un poco desorientado, reaccione de manera inesperada porque no sabe cómo actuar o, incluso, tenga miedo a tratar ciertos temas. La comunicación es esencial siempre, pero en esta situación lo es mucho más. Por ejemplo, puedes creer que tu pareja siente rechazo hacia la cicatriz que ha dejado la cirugía, cuando en realidad lo que le ocurre es que teme hacerte daño y no sabe cómo decírtelo. Una comunicación abierta, clara y cuidadosa evitará este y otros malentendidos.

La vida sexual es una de las esferas que va a verse seriamente afectada por la quimioterapia, el tratamiento hormonal o el propio estado de ánimo. De hecho, muchas mujeres con cáncer de mama rechazan el contacto físico. Sin embargo, el sexo no debe convertirse en otra preocupación añadida; sino en un tema más que abordar cuándo y cómo tú y tu pareja consideréis oportuno. Y si lo creéis conveniente, siempre podéis recurrir a la ayuda de un profesional.

Si bien es cierto que la preocupación por el cáncer y su tratamiento suele disminuir el interés por el sexo, es importante recordar que la intimidad va mucho más allá. Ver una película juntos, disfrutar de una cena romántica o de una sesión de abrazos, caricias y masajes suaves pueden ayudar a que la mujer se sienta amada y cuidada… Al fin y al cabo, el cerebro es el principal órgano sexual.

La comunicación es esencial en la pareja.

«Nunca voy a encontrar pareja»

El temor al rechazo cuando queremos encontrar pareja es normal, pero en el caso de una mujer que tiene o ha tenido cáncer de mama ese miedo puede suponer tal angustia que incluso renuncie a la posibilidad de iniciar una relación sentimental. No nos vamos a engañar. Es posible que haya hombres (y mujeres) que salgan corriendo. Pero posiblemente sean los mismos que huirían por miedo al compromiso o después de confesarles que tienes cuatro hijos o que cuidas de tus padres dependientes.

Conocer a un posible candidato o candidata a convertirse en tu pareja no va a ser mucho más difícil que encontrarla sin haber pasado por un cáncer. Hay un estudio en el que se comparó la disposición de 324 personas a tener una cita con gente con y sin historia de cáncer. Se concluyó que el interés por quedar con alguien que ha tenido esta enfermedad es el mismo que hacerlo con alguien que no la ha tenido.

«Entonces, ¿por dónde empiezo a buscar?», te preguntarás. Pues por los mismos sitios que antes de tener la enfermedad: aplicaciones de citas, cursos de baile, grupos de solteros, reuniones organizadas por amigos… Ahora bien, antes de iniciar la búsqueda de otra persona es esencial que pongas el foco en ti. ¿Cómo está tu autoestima? Asegúrate de que también está recuperada. Antes de buscar a alguien que nos acepte y nos quiera tenemos que aceptarnos y querernos nosotras, con cicatrices o sin ellas, con pechos o sin ellos.

Cuidarse y reordenar prioridades

Ya desde que la mujer experimenta los primeros síntomas del cáncer de mama, empieza una auténtica carrera de resistencia que requerirá de todas sus energías, físicas, emocionales y mentales. La realidad es la que es, pero aun así hay cosas que puedes hacer:

  • Llora, grita, enfádate. Reaccionar ante el diagnóstico con incredulidad, miedo, ira o tristeza es totalmente normal. Es una forma adaptativa de adaptarse y encajar la noticia, así que no dudes en darte permiso para dar rienda suelta a tus emociones.
  • Miradas curiosas, preguntas indiscretas… Te tocará hacer frente a preguntas que te hagan sentir incómoda o a las que, simplemente, no te apetece responder. Ten siempre presente que tú decides. Tienes todo el derecho a dar la información que quieras y a quien quieras y a comunicar tus emociones y pensamientos a quien elijas y cuando elijas.
  • Participa de manera activa en el proceso médico y no tengas miedo a preguntar. Pedir a tu oncólogo la información que te interesa e intervenir en la toma de decisiones te ayudará a mantener la sensación de control y eso favorecerá tu recuperación. Y si crees que te vas a poner nerviosa, pide a alguien de confianza que te acompañe (si es necesario que tome notas). Cuatro oídos escuchan más que dos.
  • Reconstrucción mamaria, sí: reconstrucción mamaria, no. Tú, y solo tú, tienes la última palabra. Haz lo que sientas que es mejor para ti. Infórmate, sopesa cada opción y elige sin presiones. Decidas ‘sacar pecho’ o lucir cicatriz, lo realmente importante es que aceptes y ames tu cuerpo tal y como es. Todos los cuerpos son únicos y maravillosamente perfectos en su imperfección.
  • Mantén una comunicación fluida con tus seres queridos. Ellos también necesitarán un periodo de tiempo para aceptar la situación y agradecerán que compartas con ellos tus decisiones. Seguro que os haréis mucho bien mutuamente. Y del mismo modo que habrá momentos en que necesites apoyo y compañía, también habrá ratos en los que prefieras estar sola. Tómate la libertad de pedir en cada momento lo que necesites. En cuanto a los más pequeños de la casa, habla con ellos desde el principio, adaptando el lenguaje y la información a su edad.
  • Déjate ayudar. Probablemente durante una larga temporada no podrás hacer muchas cosas que antes sí podías; acéptalo y no te agobies. Pide ayuda cuando la necesites. Contar con una red de apoyo socio-familiar te facilitará el proceso.
  • El autocuidado es muy, muy importante. Aliméntate adecuadamente, presta mucha atención a los horarios de sueño y, siempre que sea posible, practica algún tipo de ejercicio físico de manera moderada.
  • Recurre a grupos de ayuda mutua. Compartir dudas o temores e intercambiar experiencias con mujeres que estén pasando o hayan pasado por lo mismo que tú te ayudará a recuperar tu autoestima y, de paso, no te sentirás sola.
  • Reordena tus prioridades. Este puede ser un momento para reflexionar sobre las cosas que realmente te importan. Muchas mujeres describen que el cáncer ha supuesto un cambio de prioridades en su vida y en cuanto a las relaciones interpersonales.
  • Presta atención a la enfermedad, pero no dejes que se convierta en el centro de tu vida. Sigue adelante con tus proyectos vitales y con cualquier actividad que te resulte gratificante en la medida en que tu estado físico te lo permita.
  • Busca ayuda psicológica. Entre los objetivos del acompañamiento terapéutico en el cáncer de mama están: reducir los síntomas de ansiedad, depresión y otras reacciones emocionales negativas; favorecer la sensación de control sobre la propia vida; desarrollar estrategias de afrontamiento efectivas; facilitar la comunicación con la pareja y la expresión de sentimientos; ayudar a manejar los miedos relacionados con la enfermedad (recaída, muerte, abandono, desfiguración, etc.); favorecer la expresión de emociones y sentimientos; potenciar la autoestima; y favorecer aceptación de la nueva imagen corporal. Si crees que necesitas este tipo de apoyo, puedes ponerte en contacto conmigo y te acompañaré en todo tu proceso.

Reordena tus prioridades y reflexiona sobre lo que verdaderamente te importa.

Y, sobre todo, recuerda que por perder un pecho, o los dos, no eres menos mujer, menos femenina o menos sensual. Tu feminidad está dentro de ti, no en tus senos. La feminidad de una mujer está en su mirada, en su forma de caminar, en su sensibilidad, en esa risa que tiene encandilados a todos los que la conocen, en su energía, en sus palabras, en su carácter  o en cualquiera de las señas que la hacen única.

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Cortometraje. La vuelta a la tortilla. Dirigido por Paco León 2013, este cortometraje refleja un tema que a preocupa a muchas mujeres: volver a enamorarse después de un cáncer de mama. Enfrentarse a sus propios miedos e inseguridades tiene premio para la protagonista, que recibe una bellísima declaración de amor: «A mí siempre me gustaron las rubias con el pelo largo, pero desde que te conocí me he dado cuenta de que me gustan castañas de media melena. Y anoche me di cuenta de que las que realmente me gustan son las calvas con peluca».

Película. Ma ma. Julio Medem dirigió esta película en 2015. Narra la vida de Marga (Penélope Cruz), una maestra en paro a quien diagnostican cáncer de mama. Al principio no sabrá cómo actuar ni de qué manera la enfermedad cambiará su vida, pero poco a poco sacará toda su energía vital para adaptarse a su nueva situación.

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