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noviembre 2019

¿Por qué la mujer maltratado no deja a su maltratador?

Violencia de género. ¿Por qué la mujer maltratada no deja a su maltratador?

Violencia de género. ¿Por qué la mujer maltratada no deja a su maltratador? 1996 2102 BELÉN PICADO

Una de las preguntas que más escucho cuando sale el tema de la violencia de género es: ¿Cómo es posible que una mujer maltratada no abandone a su maltratador? ¿Por qué aguanta? Y la respuesta no es nada sencilla… Para entender a estas víctimas de la violencia de género antes hay que comprender el proceso en el que se ven inmersas. En primer lugar, es importante tener en cuenta que lo habitual es que una historia de malos tratos empiece como muchas historias de amor. Chico conoce chica y se muestra educado, atento y cariñoso. La llama, es detallista, la colma de atenciones, hace que se sienta especial. Un ‘príncipe azul’ en toda regla… que irá convirtiéndose en sapo sin prisa, pero sin pausa.

El mito del amor romántico

A lo largo de las épocas, el amor ha estado sujeto a aprendizajes culturales y a condicionamientos sociales. Este sentimiento ha sido exaltado por canciones, películas, novelas, etc. y la mujer lo ha entendido, tradicionalmente, como una entrega total. Y así ha convertido al hombre amado en el centro de su existencia, adaptándose a él, perdonándole y justificándole todo.

Según el ideal de amor romántico, las mujeres que han sido educadas para que su vida gire en torno al amor no solo buscarán un príncipe azul que las salve, las proteja y cubra sus necesidades. También se atribuirán ellas mismas la responsabilidad del cuidado y el mantenimiento de las relaciones. Y esto generará sentimientos de culpa cuando se produzcan conflictos o fracasos de la relación.

En muchos casos, estas creencias reforzarán el ciclo de la violencia. Cuando en una relación de maltrato hay una agresión y detrás viene el arrepentimiento la mujer perdona al maltratador en el convencimiento de que su amor “lo cambiará”. Y seguirá dando nuevas oportunidades y generándose falsas expectativas basadas en que “el amor todo lo puede”.

De este modo, cuando se plantea abandonar al hombre que tanto daño está haciéndola, para ella es mucho más que romper una relación. Es abandonar un proyecto vital. Renunciar al amor se vive como el fracaso absoluto de su vida.

El mito del amor romántico tiene una estrecha relación con la violencia de género

El síndrome de la rana hervida

Estaba una rana tranquilamente dentro de una cazuela llena de agua, ignorando que la cazuela estaba calentándose a fuego lento. Al cabo de un rato, el agua estaba tibia y el pequeño anfibio, como la sentía agradable, siguió nadando. Poco a poco, la temperatura fue subiendo, pero la rana no se inquietó; era un poco friolera, así que el calorcito le venía bien. Una mezcla de fatiga y somnolencia empezó a apoderarse de ella, apenas sin darse cuenta.

Llegó un momento en que el agua se puso caliente de verdad y a nuestra amiga ya empezó a parecerle desagradable. Sin embargo, ya no le quedaban fuerzas para saltar y escapar del recipiente, así que se limitó a aguantar. Tenía la esperanza de que en algún momento el agua se enfriara. Pero el líquido no solo no se enfrió, sino que subió aún más de temperatura hasta que la rana acabó hervida. Así que murió sin haber hecho el menor esfuerzo por salir de la cazuela.

Está claro que si la rana se hubiera metido con el agua a cincuenta grados habría salido inmediatamente de un salto. Lo que viene a decirnos este relato de Olivier Clerc es que “un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción, ni oposición, ni rebeldía”. Lo mismo ocurre en el caso de la violencia de género. Cuando el inicio es brusco e intenso, es muy posible que la víctima busque ayuda externa o intente separarse. Sin embargo, si al principio el maltrato va produciéndose poco a poco y solo en ciertas ocasiones, la mujer restará importancia al primer insulto, humillación o empujón y elegirá luchar para que la relación salga adelante.

El síndrome de la rana hervida guarda una estrecha relación con la situación de la víctima de malos tratos

La indefensión aprendida

Las mujeres víctimas de violencia de género desarrollan lo que el psicólogo Martin Seligman denominó ‘indefensión aprendida’, que consiste en que la persona que está siendo víctima de maltrato ‘aprende’ que no puede defenderse haga lo que haga. Como los episodios de maltrato se dan independientemente de cómo actúe la mujer, esta siente que no controla la situación y que está a merced de su agresor. Estos sentimientos impiden creer que las cosas pueden cambiar y dificultan que la víctima se enfrente a sus temores y pida ayuda.

Además, en situaciones así la autoestima queda muy dañada. Hay tal alteración de la percepción de la realidad, que la mujer puede negarse a dejar al maltratador por temor a no encontrar a alguien mejor que él o, incluso, por creer que no merece a alguien mejor.

El ciclo de la violencia

Que el maltrato no sea continuo, sino que se alternen fases de agresión con las de cariño o calma dificulta que la víctima rompa con la situación. Esto fue lo que observó la psicóloga estadounidense Leonore Walker, llegando a identificar un ciclo que se repite en los casos de violencia de género y que consta de tres fases:

  • Acumulación de la tensión: La hostilidad del hombre va en aumento sin motivo aparente para la mujer. El agresor puede demostrar su violencia de forma verbal y, en algunas ocasiones, con agresiones físicas y/o con cambios repentinos de ánimo, que la mujer no acierta a comprender y que suele justificar, ya que no es consciente del proceso de violencia en el que se encuentra inmersa. De esta forma, la víctima siempre intenta calmar a su pareja, procura complacerle y evitar aquello que le moleste, creyendo que así eludirá los conflictos. Incluso llega a creer que algunos de esos conflictos los provoca ella.
  • Explosión: La tensión aumenta hasta estallar, lo que conlleva agresiones físicas, psicológicas y sexuales. Estas pueden ser graves, hasta el punto provocar fuertes secuelas físicas y psicológicas e, incluso, un alto riesgo para la vida. En este momento, la mujer siente que no tiene ningún tipo de control sobre la situación. Su capacidad de reacción se reduce mucho, centrándose básicamente en proteger su integridad física. Suele ser en esta fase cuando se plantea pedir ayuda.
  • Reconciliación o “luna de miel”. El agresor tiende a arrepentirse y a pedir perdón y, para evitar que la relación se rompa, puede recurrir a la manipulación afectiva (regalos, caricias, promesas…). Eso sí, también suele negar su responsabilidad en el conflicto y transferir la culpa a la mujer. Esta, por su parte, desea tanto que la relación funcione que confía en que todo cambiará y, con frecuencia, retira la denuncia y/o rechaza la ayuda ofrecida por familia, amigos o servicios sociales y sanitarios. Algunas de las justificaciones que da es que su pareja tiene problemas y debe ayudarle a resolverlos.

Con el paso del tiempo las dos primeras fases se mantendrán y agudizarán. Sin embargo, la fase de arrepentimiento, que es la que ha actuado como mantenedora de la relación, tenderá a desaparecer.

¿Quien bien te quiere te hará llorar?

Muchas víctimas de maltrato proceden de familias en las que el uso de la violencia estaba normalizado. La violencia se aprende, tanto a ejercerla como a sufrirla; así que la mujer que la sufrió en su infancia tenderá a repetir el patrón en su vida adulta. Además, como para ella una bofetada, un insulto o una humillación eran algo cotidiano, le resultará difícil distinguir la situación de maltrato. En esta situación también influyen mensajes familiares muy peligrosos como “Quien bien te quiere te hará llorar”, “Si te pego o te castigo es porque te quiero y me importas” o “Me duele a mí más que a ti”.

Si me quiere, no me hiere

Espero haber respondido, al menos en parte, a la pregunta que da por título a este artículo. Y si conoces o sabes de alguien que esté en esta situación quizás sería buena idea sustituir la expresión “Si sigue con él por algo será” por “Sé por qué sigues con él y no es tu culpa”. Aprovecho también para recordaros que existe un teléfono gratuito de atención a víctimas de malos tratos por violencia de género que funciona 24 horas del día los 365 días del año: 016.

Si te interesa

Una película

“Te doy mis ojos”. Se estrenó en el año 2000, pero por desgracia el tema que trata sigue vigente. La película refleja con rigor y sensibilidad la gran complejidad que puede haber en una historia de malos tratos. En ella se muestran algunos conceptos de los que hablo en este artículo, como el ciclo de la violencia y la indefensión aprendida. Está dirigida por Icíar Bollaín y protagonizada por Luis Tosar y Laia Marull.

 

Distimia o vivir con el ánimo por los suelos

Distimia: Vivir amargados y con el ánimo por los suelos

Distimia: Vivir amargados y con el ánimo por los suelos 1920 1454 BELÉN PICADO

Todos tenemos malas rachas, etapas en las que no tenemos ganas de nada o días en los que pensamos que habría sido mejor no levantarnos de la cama. Pero pasado el bache, recuperamos el buen humor y seguimos adelante. Sin embargo, si ese estado de apatía, tristeza y desgana se queda contigo durante largas temporadas es posible que estés sufriendo distimia.

Esta patología, también denominada trastorno depresivo recurrente, tiene un carácter cíclico y es habitual que haya días, e incluso semanas (nunca más de dos meses) en las que la persona esté casi bien, aunque cansada, con ánimo más bien introspectivo, trastornos del sueño y también con dificultad para afrontar nuevas situaciones.

Los síntomas más comunes en la distimia

Sentimientos de incompetencia y de culpa, pérdida generalizada de interés por actividades que antes resultaban agradables, pesimismo, aislamiento social son algunos de los síntomas característicos de esta patología. También suele haber alteraciones del apetito y del sueño, bajo rendimiento escolar o laboral, fatiga crónica, baja autoestima y dificultad para tomar decisiones. Las personas con distimia se aturden con pequeñas dificultades, no son capaces de disfrutar de las experiencias positivas y se agobian con pensamientos obsesivos. Además, se desconcentran con facilidad, incluso en actividades de ocio como leer o ver una película, y a menudo tienen crisis de ansiedad.

Ese malestar persistente y continuado y una baja tolerancia a la frustración también hacen que la persona se muestre susceptible, irritable, e incluso a veces agresiva. Al no saber qué les ocurre, se les puede tachar de “amargados” y “cascarrabias”, condición que a su vez repercute en la calidad de las relaciones sociales tanto a nivel familiar como en otros ámbitos. La vida sexual es una más de las áreas que se ven afectadas.

Como lo normal es que se inicie a finales de la infancia o principios de la adolescencia, puede confundirse con los altibajos emocionales propios de esta etapa y no diagnosticarse hasta la edad adulta, cuando los síntomas y las dificultades empiezan a hacerse más evidentes.

La tristeza crónica o la anhedonia son síntomas de la distimia

Cuestión de serotonina y experiencias traumáticas

Los trastornos depresivos en general, y la distimia en particular, están relacionados con un déficit de serotonina. Esta sustancia química, conocida también como hormona de la felicidad, regula el estado de ánimo y es esencial en el funcionamiento del cerebro. Si nos enfrentamos a periodos largos de tensión o difíciles a nivel emocional, nuestro organismo consumirá más serotonina de lo normal y acabará produciéndose un déficit de la misma.

En cuanto al componente hereditario, la distimia parece ser más frecuente si en la familia hay otros casos. Asimismo, haber vivido experiencias traumáticas tempranas o estar expuestos a largo periodos de estrés también puede influir en su aparición.

Menos intensa y más duradera que la depresión

Esta forma crónica de depresión se diferencia de la depresión mayor sobre todo en la intensidad y duración de los síntomas. En la distimia:

  • Son más leves, lo que complica el diagnóstico, ya que la persona aprende a vivir con ello y acaba asumiendo que es lo normal y que su carácter “es así”. A diferencia de quien sufre depresión mayor, la persona con distimia es capaz de cumplir con sus responsabilidades y enfrentarse a sus actividades diarias, aunque lo hace con desgana y, prácticamente, “con el piloto automático”.
  • Son más duraderos. Según el Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales DSM-V, estamos ante una distimia cuando las alteraciones del estado de ánimo duran al menos dos años en los adultos o un año en los niños.

Pese a que lo habitual es que los síntomas sean más leves en la distimia, la intensidad puede cambiar con el tiempo y presentarse episodios de depresión mayor antes o durante el periodo distímico (en este caso estaríamos ante una “depresión doble”).

Los síntomas de la distimia son más leves y más duraderos que los de la depresión mayor

A menudo, no llega sola

Antes de determinar un diagnóstico, es necesario descartar otras causas. Hay enfermedades como el hipotiroidismo que comparten con los trastornos depresivos ciertos síntomas y estos también pueden deberse a efectos de ciertos medicamentos.

Por otra parte, es habitual que la distimia se presente junto a otras dolencias físicas, como el dolor crónico, la fibromialgia o el síndrome de colon irritable. Asimismo, suele presentarse junto al trastorno de depresión mayor, trastornos de ansiedad o abuso de sustancias.

Cómo tratar la distimia

Por lo general, el tratamiento combina psicoterapia y la administración de antidepresivos que compensen el déficit de serotonina, aunque todo dependerá de la gravedad de los síntomas y del grado en que estos interfieran en la vida de la persona. En el proceso terapéutico la psicoeducación juega un papel muy importante, ya que si la persona aprende identificar sus emociones y pensamientos negativos le resultará más fácil revertirlos.

Tras un tiempo en terapia, lo habitual es que el paciente se lleve una agradable sorpresa al descubrir que no es la persona amargada que creía y ver que, por fin, puede disfrutar de la vida, experimentar placer y ser optimista respecto al futuro.

La persona con distimia puede volver a disfrutar de la vida

Cuándo acudir al psicólogo

Responde a las siguientes preguntas lo más sinceramente posible:

1. ¿Te sientes habitualmente triste, desesperanzado o con poco ánimo durante varios días o semanas?

2. ¿Estos períodos son interrumpidos por otros en los que te encuentras más o menos bien, aunque esta sensación positiva nunca permanece más de dos meses seguidos?

3. ¿Dejas de disfrutar de tus intereses y actividades durante los períodos depresivos?

4. Cuando atraviesas estos momentos, ¿experimentas…

  • … Dificultad para dormir o, por el contrario, somnolencia continua?
  • … Alteraciones en el apetito?
  • … Poco nivel de energía o fatiga crónica?
  • … Sentimientos inadecuados y baja autoestima?
  • … Poca productividad en el desarrollo de tus actividades?
  • … Dificultad para concentrarte, prestar atención o pensar con claridad?
  • … Abandono de amigos y familiares?
  • … Poco interés a la hora de disfrutar de actividades placenteras?
  • … Irritabilidad y poca paciencia con las personas a tu cargo?
  • … Actitud pesimista hacia el futuro y nostalgia acerca del pasado?
  • … Angustia o lloras y te entristeces con frecuencia?
  • … Ideas recurrentes de muerte y/o suicidio?
  • … Sentimientos de desánimo o inquietud, con bajo nivel de actividad y menor sociabilidad?

Si has respondido Sí a las preguntas 1, 2 y 3, y al menos a tres de los síntomas que corresponden a la 4, sería conveniente que consultases con un profesional.

Si lo deseas, puedes ponerte en contacto conmigo y hablamos más en profundidad sobre ello.

El apego inseguro está estrechamente relacionado con el alcoholismo

Alcoholismo y apego inseguro: El niño herido

Alcoholismo y apego inseguro: El niño herido 1920 1280 BELÉN PICADO

El vínculo que el niño establece con sus figuras de referencia, en particular cuando hay un apego inseguro, está relacionado con el alcoholismo en la edad adulta. La supervivencia de un bebé depende totalmente de sus padres o, en su caso, de las personas que ejercen de cuidadoras. La misión de estas es enseñarle a gestionar sus emociones, ejercer de base segura desde la que el niño explore el mundo que le rodea y ser un refugio al que recurrir en caso de peligro.

Si el sistema funciona correctamente, se establecerá un apego seguro. Pero puede suceder que los cuidadores no sepan ayudar al bebé a regularse o, peor aún, que sean la fuente de amenaza. En este caso, el niño tendrá que buscar otras figuras de apego o desarrollar estrategias alternativas de regulación emocional. Lo hará a través de objetos o actividades que le aporten la sensación de calma que no ha podido encontrar en quienes deberían habérsela proporcionado. La búsqueda de algo externo que mitigue esa ansiedad y esa angustia puede desembocar, en la edad adulta, en adicciones como el alcoholismo.

Dependiendo de la calidad del vínculo entre el niño y sus cuidadores puede establecerse un estilo de apego seguro o un estilo de apego inseguro. Y este, a su vez, puede ser evitativo, ambivalente o desorganizado.

Apego seguro

Todas las necesidades del bebé han estado cubiertas. El niño ha interiorizado que es querido y valioso para sus figuras de apego, por lo que es capaz de alejarse sin temor a perderlas. Con el tiempo, se convertirá en un adulto capaz de gestionar sus emociones. Además, no temerá el contacto afectivo ni tampoco se angustiará en caso de no encontrarlo y le resultará fácil entablar relaciones significativas con otras personas.

Según un estudio realizado por los psiquiatras María Teresa de Lucas y Francisco Montañés, los individuos con un apego seguro pueden experimentar con sustancias durante la adolescencia como una conducta exploratoria. Sin embargo, quienes presentan un estilo de apego inseguro recurren a ellas como un modo de enfrentarse a la angustia emocional. Y, posiblemente, continuarán haciéndolo en la edad adulta.

El apego seguro puede ser un factor de protección contra la adicción al alcohol

Apego inseguro evitativo

Los cuidadores no están disponibles para el niño. Este acaba aprendiendo que no puede contar con ellos y que comunicarles sus necesidades emocionales no servirá de nada, así que deja de hacerlo. En la edad adulta estas personas buscan tenerlo todo controlado. Pero cuando se agotan y pierden ese control, tratan de regularse con sustancias que les impidan sentir la ansiedad, como el alcohol.

La estrategia más básica para evitar la ansiedad que provoca la falta de control es la evitación. Beber se convierte en un medio para evitar sensaciones desagradables, partes de la personalidad que no gustan o la creencia de ser defectuoso… Según el psicólogo Manuel Hernández Pacheco, “la evitación mediante sustancias, juego, compras o sexo compulsivo tienen en común que ayudan a evitar el malestar interno, no permiten que lo que nos hace daño se haga consciente y ayudan a evitar la conexión con un mundo interno que está muy degradado y vacío”.

Apego inseguro ambivalente o ansioso

Los padres o las figuras de apego se muestran incoherentes e imprevisibles en sus respuestas a las demandas del niño, unas veces se muestran afectuosos y otras distantes. Este se muestra confuso, no sabe qué esperar y sus reacciones oscilan entre el rechazo y la irritabilidad y la búsqueda desesperada de contacto. El adulto muestra una gran ansiedad y preocupación por ser amado y por sentirse valioso. Al contrario de lo que ocurre con el apego inseguro evitativo, no tratan de controlar porque nunca han sentido que tuvieran el control. En su caso, su objetivo es tener un contacto emocional constante con alguien y para lograrlo hacen cualquier cosa, como beber para no sentirse excluidos de las relaciones sociales.

Apego inseguro desorganizado

Las personas que tienen que proteger y cuidar son precisamente las que maltratan y esto genera un desequilibrio interno muy fuerte. Como el bebé no puede sobrevivir sin el cuidador y a la vez este le inspira miedo, su conducta oscilará entre la necesidad de acercarse y la de alejarse. Ya de adultos, se autorregularán a través de autolesiones, abuso de sustancias como el alcohol o relaciones muy conflictivas.

Si, además, se han producido abusos sexuales en la infancia, puede resultar mucho más doloroso para el niño que sus padres no lo apoyen o no le crean que el propio abuso. Y si el agresor es una de las figuras de apego el trauma es mucho más grave. En estos casos, es habitual que surjan sentimientos de culpa y vergüenza y que se mantengan en la edad adulta. Estos sentimientos de menosprecio hacia uno mismo unidos a la creencia irracional de merecerlo, puede llevar a la persona a abusar del alcohol como una forma de autocastigo.

Alcoholismo y apego inseguro

Beber para escapar del dolor, el vacío y la inseguridad

Cuando durante la infancia se ha vivido una situación de abandono, negligencia o malos tratos, muchas veces las secuelas perduran en la edad adulta. Es posible que la persona beba como un medio de huir del dolor, el vacío y la sensación de inseguridad.

  • Evitar el dolor. Si no se desarrollaron estrategias de afrontamiento en la niñez, la persona puede recurrir al alcohol como un calmante que apague el dolor y la angustia. Dice Eckhart Tolle que “mucha gente hace uso del alcohol, las drogas, el sexo, la comida (…) como anestésicos, en un intento inconsciente de apartar esa incomodidad básica”. El alcoholismo se convierte así en una forma de automedicación, ya que el dolor, la ansiedad y el malestar se alivian, al menos temporalmente. Pero todo es una ilusión, ya que precisamente lo que se utiliza como intento de solucionar un problema, se convertirá en otro más a resolver.

  • Provocar un estado de euforia que ayude a escapar del vacío. Frente a un momento difícil, un acontecimiento complicado o un duelo, por ejemplo, es normal que experimentemos cierta sensación de vacío. Esta sensación será puntual si nuestras figuras de referencia nos ayudaron a calmarnos, a gestionar nuestras emociones, a entender que todo pasa, por perturbador que sea. Pero cuando esas figuras no han atendido las necesidades del niño, este aprende que nadie calmará su angustia. Cuando sea adulto buscará sustitutos que llenen un vacío que no deja de crecer y que le recuerda la soledad y la angustia vividas. Por desgracia, la euforia y la falsa alegría que se encuentra en el alcohol es fugaz y no hace otra cosa que empeorar la situación.
  • Vencer la inseguridad. Cuando hay un apego seguro y existe una amenaza, el niño acude al cuidador y este le proporciona la protección que necesita. En estas condiciones, la experiencia de base segura se interioriza y el niño se convertirá en un adulto capaz de confiar en los demás y en sí mismo, se sentirá seguro en el mundo y capaz de poder hacer frente a las dificultades. Jeremy Holmes explica en Teoría del apego y psicoterapia: En busca de la base segura que los adultos disponen de una zona interna que funciona como base segura y a la que se dirigen cuando lo necesitan, “especialmente como parte de su regulación de afecto”. Sin embargo, si esta base segura no ha existido en los primeros años se recurrirá a conductas patológicas “que incluyen los atracones de comida o la muerte por inanición, el abuso de sustancias, la masturbación compulsiva o las autolesiones voluntarias”. Según Holmes, estos comportamientos ponen en marcha la base segura interna y adquieren “una función tranquilizadora, aunque sea de forma autodestructiva”.
Nuestra decisión de voto no es tan reflexiva como creemos

Tu mente te miente: Así influyen las emociones y los sesgos cognitivos en tu decisión de voto

Tu mente te miente: Así influyen las emociones y los sesgos cognitivos en tu decisión de voto 4000 2667 BELÉN PICADO

La mayoría consideramos el acto de votar no solo un derecho, sino también un acto reflexivo y deliberado que refleja nuestros valores e ideas políticas. Pues bien, no es tan simple. En la toma de decisiones, incluida la de elegir a uno u otro candidato, influyen otras variables que distan mucho de ser reflexivas. Ni la experiencia del candidato, ni el programa político ni su capacidad de liderazgo… Lo que inclina la balanza hacia uno u otro son las emociones, eso sí, aderezadas con unos cuantos sesgos cognitivos.

Las emociones mandan

Según Drew Westen, autor del libro El cerebro político: El papel de la emoción en decidir el destino de la nación, las emociones que más influyen en los votantes a la hora de depositar su papeleta en la urna son el odio, la esperanza y el miedo, especialmente esta última.

El miedo ha sido nuestro salvavidas evolutivo porque nos ayuda a reaccionar ante las amenazas que como especie hemos ido encontrando. Y ese es el resorte que salta en un lugar del cerebro llamado amígdala cuando un candidato alude en su discurso a los principales temores que tenemos los seres humanos. Estos miedos son a que amenacen nuestra integridad física, a que esté en riesgo el acceso a los recursos para subsistir y a que se ponga en peligro el modo de vida al que estamos acostumbrados. Si se relacionan estos miedos subconscientes con preocupaciones actuales (paro, delincuencia…) y se incluye alguna alusión a la inmigración, por ejemplo, el sistema de alerta salta.

Esa celeridad con que se pone en marcha el circuito del miedo es una ventaja evolutiva, pero se convierte en problema si se activa cuando no lo necesitamos. En este caso, perdemos la capacidad de analizar circunstancias en las que no hace falta tanta rapidez y sí una reflexión objetiva. Así que, a la hora de votar, menos amígdala y más reflexión.

Las emociones tienen la última palabra a la hora de votar

El poder de los sesgos cognitivos

A lo largo de nuestra vida manejamos tanta información que nuestro cerebro necesita atajos para no eternizarse procesando los datos que recibimos. Esos atajos nos ayudan a pensar y a tomar decisiones de modo más rápido, pero también aumentan el riesgo de hacer interpretaciones erróneas. ¿Y cómo podemos evitar que nos influyan? Conociendo qué son y cuáles son sus características. Si sabemos cuándo nos pueden afectar los sesgos cognitivos también podremos neutralizarlos o, al menos, conseguir que nos afecten lo mínimo posible.

  • Sesgo de confirmación. Tendemos a focalizar nuestra atención en la información que confirma nuestras creencias y, de forma paralela, a ignorar, desvalorizar o dar menos importancia a la que las contradice. Esto explicaría por qué damos más credibilidad a un medio de comunicación que está en la línea de nuestra forma de pensar. Otro ejemplo: Si hay corrupción en nuestro partido político nuestro cerebro buscará la manera de quitarle importancia, pero si los corruptos son los del partido rival, aunque sea de forma puntual, encontraremos el modo de magnificar el delito.
  • Correlación ilusoria. Consiste en considerar que dos hechos están relacionados aunque no tengamos ninguna prueba que lo demuestre. Este sesgo, que está en la base de los prejuicios, es el que nos lleva a sobreestimar la proporción de comportamientos negativos en grupos relativamente pequeños. Vamos a ver un ejemplo: Según una encuesta internacional  (International Social Survey Programme), el 50,3 por ciento de los españoles creen que los inmigrantes “hacen que aumente el índice de criminalidad».  Sin embargo, según los últimos datos disponibles, pertenecientes a 2017 y elaborados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), los delitos cometidos por extranjeros son un 23,1 por ciento, es decir, ni un cuarto de todos los que se cometen en España. Esto significa que los españoles cometen tres de cada cuatro.
  • Efecto Barnum o Forer. Este sesgo se da cuando aceptamos generalizaciones que podrían resultar válidas para cualquier persona, como si fueran descripciones fiables y detalladas de nuestra personalidad. Además de ser muy utilizado por videntes y en horóscopos, también es un recurso muy habitual en los discursos de los políticos. Estos buscan conseguir el apoyo de los ciudadanos dirigiéndose a ellos con adjetivos positivos, mensajes genéricos y propuestas vagas que responden a los deseos de la mayoría.

El efecto Barnum es un recurso muy utilizado por los políticos

  • Efecto anclaje. Dar mucha importancia a la primera información que se recibe y tomarla como punto de partida (ancla), descartando otras, a la hora de tomar una decisión definitiva. El problema es que el ancla tiene una influencia desproporcionada y el ajuste a la información posterior tiende a ser muy insuficiente. Es habitual que los políticos recurran a menudo a cifras que parecen haber contrastado, pero no siempre es así. A veces, si se sabe que un dato será más alto, se anuncia una previsión más baja y el resultado final en comparación parecerá mejor.
  • Efecto halo. Consiste en trasladar una cualidad particular que nos llama la atención en alguien a toda la persona, incluidas características que no conocemos. Numerosos estudios han encontrado que una persona considerada atractiva también suele ser percibida como inteligente, amable, generosa y honesta. Una de estas investigaciones, realizada por Rolfe Daus Peterson y Carl L. Palmer en 2015, concluyó que las personas que nos resultan físicamente atractivas suelen parecernos también más capaces y persuasivas, por lo que tendemos a seguir sus consejos.  Estudios aparte, solo hay que ver al séquito de asesores de imagen que acompañan a los principales líderes políticos… Respecto al efecto halo, uno de los sesgos cognitivos más habituales, os recomiendo el artículo ¿Por qué preferimos a los políticos atractivos? publicado por El País.
  • Sesgo de autojustificación. Si te equivocas en una decisión tienes dos opciones: asumirlo o buscar una justificación para no admitir el error y evitar posibles remordimientos. Esto último sería el sesgo de autojustificación y tenemos un ejemplo muy claro en las explicaciones de José María Aznar tras avalar ante la opinión pública la existencia de armas de destrucción masiva en Irak para justificar la Invasión de aquel país en 2003. Años después, justificaría su decisión explicando que la tomó «por convicción atlantista, porque convenía estratégicamente a España y por un elemental sentido de la reciprocidad política: no se puede pedir ayuda a un amigo y luego, cuando ese mismo amigo te la reclama, negársela».
  • Efecto Statu quo. Representa el temor a perder lo que se tiene, a ir a peor o, como dice el refrán, “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. A menudo, los partidos que están en el gobierno elaboran su estrategia en base a este sesgo cognitivo. Este efecto también explica por qué las formaciones políticas que defienden cambios radicales no terminan de convencer.
  • Efecto Bandwagon o efecto de arrastre. Creer que algo es cierto porque la mayoría también lo piensa. Este sesgo les viene muy bien a los políticos para imponer sus programas. En el caso de las encuestas electorales, muchos deducen que el político que las encabeza es el mejor, aun sin haber leído sus propuestas. Lo mismo ocurre en el caso de los candidatos que los medios de comunicación proclaman ganadores antes de las votaciones.

El efecto de arrastre consiste en creer algo solo porque la mayoría lo cree

  • Sesgo de coste irrecuperable. Tendencia a sobrevalorar aquello en lo que hemos invertido más tiempo y esfuerzo. En política esto se traduciría en una mayor reticencia a cambiar el sentido de nuestro voto cuando llevamos muchos años votando lo mismo.

Ser conscientes del poder de nuestras emociones y de las trampas que nos juega la mente nos ayudará a no dejarnos llevar por ellas. Comprueba en qué sesgos cognitivos sueles caer y recopila toda la información posible sobre las propuestas de los distintos partidos. También te vendrá bien escuchar a personas que piensan diferente, con atención y sin juzgar. Si consideramos el mayor número de opiniones sobre un tema, tanto a favor como en contra de nuestras creencias, podremos crearnos nuestro propio juicio.

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