Divulgación

La alexitimia consiste en la incapacidad de identificar y expresar las emociones

Alexitimia o la incapacidad de identificar y expresar las emociones

Alexitimia o la incapacidad de identificar y expresar las emociones 1920 1344 BELÉN PICADO

Es normal que desde niños aprendamos a identificar, interpretar y expresar nuestros sentimientos, pero algunas personas son incapaces de hacerlo. Cuando esta dificultad se convierte en una constante, nos encontramos ante una alteración denominada alexitimia. Según la Sociedad Española de Neurología (SEN) afecta al 10 por ciento de la población y, aunque no es exclusiva de los hombres, ellos la padecen en una proporción muy superior a la de las mujeres.

En realidad, los afectados sí experimentan emociones, lo que ocurre es que no pueden expresarlas ni son conscientes de las reacciones físicas que estas provocan. Por ejemplo, si se les contrae el estómago y sienten dolor o cierta molestia, nunca lo atribuirán a una situación de carácter emocional. Así, al no poder expresar y exteriorizar las emociones, es el cuerpo quien sufre las consecuencias. Y lo hace en forma de problemas digestivos, caída del cabello, contracturas, colon irritable, dolor crónico, psoriasis, y un largo etcétera de somatizaciones.

La alexiimia afecta más a los hombres.

Alexitimia y cerebro

Vamos a tomar como ejemplo una sensación corporal, por ejemplo en el estómago. En este órgano podemos notar desde el ‘revoltijo’ que anuncia que estamos enfadándonos a las mariposas que revolotean cuando nos enamoramos o, incluso, los sonidos típicos cuando tenemos hambre… Cuando se produce alguna de estas sensaciones la señal llega al cerebro que es el encargado de valorar si es una emoción o algo orgánico. Igualmente, nos dice si se trata de una emoción agradable o desagradable y su grado de intensidad. Una vez que ha tenido lugar esta valoración, tomaremos conciencia de la emoción correspondiente y podremos ponerle palabras.

Lo que ocurre en las personas alexitímicas es que se produce una falta de comunicación entre los dos hemisferios cerebrales. Esto impide que las señales de las regiones emocionales, predominantes en el hemisferio derecho, lleguen a las áreas del lenguaje, que están en el izquierdo. Por tanto, no solo no pueden relacionar la sensación física con el sentimiento, sino que tampoco pueden verbalizar lo que sienten. Esto significa que si presentan las respuestas físicas asociadas a las emociones (lágrimas, aumento del ritmo cardiaco, rubor…), es posible que noten que algo está cambiando en su cuerpo, pero son incapaces de relacionarlo con sus propios sentimientos.

Rígidos, sin sentido del humor y con dificultades en las relaciones interpersonales

El trastorno implica un deterioro en la capacidad de relacionarse. Además de no poder expresar sus afectos, la persona tiene dificultades para comprender lo que sienten otros, no sabe interpretar las emociones de los demás. Frases como “Te quiero” no tienen sentido emocional para un alexitímico. Tampoco son capaces de experimentar felicidad al recordar un hecho que en su día les hizo felices, ni de asociar imágenes visuales y pensamientos a un estado emocional concreto.

Otro de los rasgos que caracteriza al trastorno es la tendencia al conformismo social. Aunque se trata de personas aparentemente bien adaptadas, no tienen sentido del humor y muestran un comportamiento muy rígido y dependiente de las convenciones sociales. Por otra parte, la falta de empatía hace que, socialmente, se comporten de un modo correcto, pero les sea difícil mantener una conversación mínimamente personal o íntima.

La mayoría de los afectados han sufrido carencias afectivas en la infancia y son personas calladas, introvertidas y tendentes al aislamiento. También es común que sufran trastornos sexuales, como impotencia o ausencia de libido.

La toma de decisiones tampoco es lo suyo, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un proceso en el que la emoción juega un papel muy importante.

Ahora bien, es importante apuntar que hay diferencias entre un psicópata y un alexitímico. En el primer caso, se trata de personas que mienten, sin ética, dominantes, encantadoras y con una gran capacidad de interpretar y aprovecharse de los sentimientos de los demás. Por el contrario, el individuo con alexitimia sí tiene emociones (lo que pasa es que no las reconoce), es socialmente conformista, a menudo con una ética muy rígida, generalmente sumiso y no sabe interpretar las emociones del otro.

La rigidez y las dificultades en las relaciones intepersoales son características de la alexitimia.

Tipos de alexitimia

En algunos casos la alexitimia tiene un origen biológico, al existir un déficit neurológico que obstaculiza la comunicación entre el sistema límbico del cerebro, encargado de gestionar las emociones, y el neocórtex o cerebro racional. Puede ser hereditaria e iniciarse en la infancia, con el bloqueo temprano en el desarrollo afectivo del niño, o producirse a causa de una patología neurológica, como un ictus, esclerosis múltiple, párkinson, etc. Asimismo, a menudo aparece asociada con otros trastornos como autismo, esquizofrenia, adicciones, trastornos alimentarios, etc.

En el caso de la esclerosis múltiple, algunos investigadores creen que la alexitimia es, en muchos casos, la causante de los brotes. Esto sería debido a que la dificultad de expresión de las emociones aumenta el estrés y éste da lugar a una exacerbación de la enfermedad. En estos casos, el brote constituye un modo de expresión del cuerpo de las emociones que no ha verbalizado.

La alexitimia también puede aparecer como un mecanismo de defensa del cerebro ante situaciones muy traumáticas. Al no poder asimilar un alto nivel de sufrimiento, la mente ‘desconecta’ las vías que se encargan de procesar las emociones y las reprime. Es lo que ocurre en el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Esto se observó, por ejemplo, entre los supervivientes de los campos de concentración nazis y los de la guerra del Vietnam, según explica Francisco Alonso-Fernández en un artículo muy interesante sobre la alexitimia.

La alexitimia puede aparecer tras una experiencia altamente traumática.

Tratamiento: Educación emocional, habilidades sociales e introspección

Es importante tratar la alexitimia o, de lo contrario, podría desembocar en depresión, aislamiento social y, como he apuntado antes, en problemas psicosomáticos. A menudo, la persona que la sufre no se da cuenta del problema, por lo que se hace especialmente necesario el apoyo de alguien de su entorno (generalmente la pareja o los familiares más cercanos) para que tome conciencia y pida ayuda psicológica.

La intervención psicoterapéutica pasa, en primer lugar, por comprobar si la alexitimia que presenta la persona tiene un origen psicológico o neurobiológico y, si es el caso, tratar el trastorno al que esté asociado. Asimismo, será necesario trabajar la inteligencia emocional: entrenar la capacidad para aprender a reconocer, expresar y regular las emociones, así como trabajar en las habilidades sociales y mejorar la capacidad de introspección.

 Si te interesa

Una película

Alegría tristeza. En esta película de 2018 se muestra el día a día de Marcos (Roberto Álamo), un bombero que tras sufrir en primera persona el atentado del 11-M, tendrá que lidiar con la alexitimia. Una psicóloga será quien le ayude a recuperar sus emociones y, sobre todo, a recuperar la relación con su hija.

El amor está en el cerebro

El amor está en el cerebro

El amor está en el cerebro 1920 1920 BELÉN PICADO

¿Sabíais que cuando nos enamoramos se activan doce áreas del cerebro? ¿O que desde niños empezamos a crear una especie de mapa mental con los rasgos que nos atraerán en otras personas más adelante? Durante generaciones, los poetas han tenido en el amor su  fuente de inspiración. Pero hace tiempo que dejaron de ser los únicos interesados en el tema. Ahora también son numerosos los investigadores que han hecho de este sentimiento uno de sus principales campos de análisis. Está claro que el amor está en el cerebro…

Así responde nuestro organismo

Los ‘científicos del amor’ llevan décadas estudiando este sentimiento como un proceso bioquímico. Dicho proceso se inicia en la corteza cerebral, sigue hasta las neuronas y de allí al sistema endocrino, dando lugar a respuestas fisiológicas intensas:

  • El corazón comienza a latir más deprisa, a unas 130 pulsaciones por minuto.
  • La temperatura del cuerpo se eleva.
  • La presión arterial sistólica (lo que conocemos como máxima) sube.
  • Se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular.
  • Se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea.
  • Los hombres presentan niveles de testosterona relativamente bajos, mientras que las mujeres aumentan la secreción de esta hormona. Estos cambios están relacionados con una menor agresividad en ellos y un incremento del deseo sexual en ellas.
  • Se produce un estado de euforia, falta de sueño y apetito que están asociados a altos niveles de dopamina y norepinefrina, estimulantes naturales del cerebro.

Nuestro organismo reacciona al amor con diferentes respuestas fisiológicas.

El amor está en el cerebro

Según la psicóloga estadounidense Stephanie Ortigue, nada menos que doce áreas del cerebro están implicadas en el sentimiento del amor. Y una de ellas está relacionada con la percepción, lo que explicaría, por ejemplo, por qué idealizamos a la persona amada y nos parece más especial que otras. Esta investigadora, que recurrió a las técnicas de neuroimagen para sus estudios, también asegura que solo se tarda medio segundo en enamorarse. Este es justo el tiempo que tarda el cerebro en liberar las sustancias que producen distintas respuestas emocionales.

La neurobióloga y antropóloga Helen Fisher también recurrió a las técnicas de neuroimagen y encontró que, mientras el cerebro masculino experimenta una mayor actividad cerebral asociada a estímulos visuales, en las mujeres se activan más las zonas relacionadas con la memoria. En lo que sí coinciden hombres y mujeres es en la activación de dos estructuras cerebrales relacionadas con el circuito de recompensa (el núcleo caudado y el área tegmental ventral) y, a la vez, en la desactivación de una parte de la amígdala relacionada directamente con el miedo. Así que ya sabéis por qué, cuando nos enamoramos, nos vemos capaces de enfrentarnos a todo y a todos por la persona que ha originado esa emoción.

¿A qué huele el amor?

Algunos científicos afirman que las feromonas juegan un papel muy importante en la atracción sexual, ya que estamos liberándolas continuamente por todos los poros de nuestra piel e, incluso, por el aliento. Estos compuestos químicos, utilizados por especies animales tan diferentes como las mariposas, las hormigas o los elefantes, pueden enviar señales de interés sexual, situaciones de peligro, etc.

Las feromonas juegan un importante papel en la atracción sexual.

Sin embargo, el verdadero enamoramiento sobreviene cuando se produce en el cerebro la feniletilamina, una sustancia que, al igual que las anfetaminas, aumenta la sensación de energía física y de lucidez mental. Según explica Anthony Walsh en su libro La ciencia de amor: entender el amor y sus efectos en la mente y el cuerpo, esta sustancia«es lo que hace que uno lance esa sonrisa tonta a un desconocido. Cuando nos encontramos con alguien que nos resulta atractivo suena la sirena en la fábrica de feniletilamina». Otro indicativo más de que la base del amor está en el cerebro.

De la pasión al compromiso

Con el paso tiempo, el organismo se hace resistente a la fenitelamina y la pasión deja paso a un amor más sosegado, otra fase que, por supuesto, también tiene su explicación química. Ahora son las endorfinas, compuestos similares a la morfina o los opiáceos, los que producen una sensación de seguridad y comodidad.

También aumentan en esta etapa los niveles de oxitocina. Esta hormona se produce en el hipotálamo de hombres y mujeres y, además de generar emociones relacionadas con el cuidado y la ternura, ayuda a forjar lazos permanentes tras la primera oleada de pasión.

Y es que el enamoramiento no dura siempre. Según Cynthia Hazan, profesora de la Universidad estadounidense de Cornell, de Nueva York, “los seres humanos se encuentran biológicamente programados para sentirse apasionados entre 18 y 30 meses”. Para llegar a esta conclusión, entrevistó a 5.000 personas de 37 culturas diferentes y constató que el amor posee un “tiempo de vida” lo suficientemente largo para que “la pareja se conozca, mantenga relaciones sexuales y tenga un hijo”.

La oxitocina ayuda a forjar lazos permanentes en la pareja.

El mapa del amor

Pero no solo de química vive el cerebro… Muchos estudios concluyen que los recuerdos infantiles son decisivos a la hora de enamorarnos de una determinada persona y no de otra. Según el sexólogo John Money entre los 5 y los 8 años los niños desarrollan algo así como un mapa mental de los rasgos esenciales de la persona a quien amarán como resultado de asociaciones con miembros de la familia, con amigos o con experiencias. Por ejemplo, en ese mapa puede reflejarse desde la dulzura de la madre a la seguridad en sí mismo del padre y el sentido del humor del tío pasando por otros hechos que se hayan vivido durante la infancia con determinado tipo de personas.

Poco a poco, las situaciones que se van viviendo van dibujando un patrón particular y el mapa del amor se vuelve cada vez más preciso. De este modo, se producirá una mayor atracción hacia ciertas características: rasgos faciales, color del pelo, carácter, etc.

Años después, cuando la persona tenga antes sí a alguien que le atraiga, en su cuerpo entrarán en funcionamiento multitud de reacciones orgánicas. El primer paso es el coqueteo. Según numerosos estudios, los gestos indicativos de interés erótico por una persona son iguales en Finlandia que en Madagascar. En ese lenguaje, los ojos lo dicen todo: sostener una mirada un poco más de lo normal, esbozar una sonrisa luminosa seguida de una caída de ojos…

Por si te interesa:

Entrevista con Helen Fisher. La neurobióloga explica en esta entrevista por qué el amor está en el cerebro. Fisher cuenta cómo este se ha ido especializando desde hace millones de años hasta conformar tres sistemas independientes e interconectados: el de la atracción sexual, el del amor romántico y el de la creación del vínculo y el compromiso.

La terapia EMDR ayuda a procesar eventos traumáticos

EMDR (II): Preguntas frecuentes sobre la Terapia de Desensibilización y Reprocesamientos por Movimientos Oculares

EMDR (II): Preguntas frecuentes sobre la Terapia de Desensibilización y Reprocesamientos por Movimientos Oculares 1920 1021 BELÉN PICADO

(En el anterior artículo sobre la terapia EMDR me centraba en el marco teórico que la sustenta. En este responderé a las preguntas más habituales que suelo recibir acerca del funcionamiento de este enfoque).

“Un hombre salía todos los domingos a pasear por la orilla de un río. Mientras caminaba, se dio cuenta de que había gente en el agua que se estaba ahogando, así que se tiró al río para salvarlos. Continuó salvando vidas hasta que un día se cansó y lo dejó de hacer. Cuando le preguntaron “¿Adónde vas? ¿Quién salvará a estas personas que se ahogan?” el hombre respondió: “Voy al ver quién los está tirando desde el puente”. Desde que leí este cuento en el libro La Revolución EMDR. Cambie su vida procesando sus recuerdos de uno en uno, de Tal Croitoru, lo utilizo para comenzar a explicar a mis pacientes en qué consiste EMDR.

Como aclara Croitoru, este abordaje terapéutico trabaja directamente con el origen del problema: “Los terapeutas EMDR no dan herramientas, sino que eliminan los ‘disparadores’ que arrojan a las personas desde el puente”.

La terapia EMDR es una terapia que recurre a la estimulación de los dos hemisferios laterales

¿Cómo se trabaja en las sesiones?

La terapia EMDR sigue un procedimiento estandarizado de ocho fases:

  • Fase 1. Historia clínica y recopilación de datos. Se recoge información sobre la historia del paciente y se acuerdan los objetivos terapéuticos. También se recopilan los recuerdos relacionados con el trastorno actual. Asimismo, es fundamental identificar los estímulos desencadenantes actuales que generan la perturbación y las capacidades que debe aprender el paciente para poder llevar a cabo conductas adaptativas en el futuro.
  • Fase 2. Preparación. Se explica en qué consiste el enfoque EMDR y se resuelven dudas. También se comprueba la capacidad de acceso del paciente a los recuerdos traumáticos, grado de tolerancia a las emociones y habilidades para manejar el estrés. Luego se le entrena en habilidades de afrontamiento y técnicas de relajación a las que pueda recurrir en caso de experimentar cualquier perturbación durante la sesión o fuera de ella. Una vez que está preparado, ya puede comenzarse a trabajar con los recuerdos traumáticos seleccionados como dianas previamente (el procesamiento de cada recuerdo abarca de la fase 3 a la 8).
  • Fase 3. Evaluación. Elegido el hecho traumático, el paciente seleccionará una imagen, identificará las creencias y emociones negativas que le generan y calificará el grado de perturbación de 0 a 10. Luego seleccionará una creencia positiva que le gustaría experimentar respecto a ese mismo hecho traumático y calificará la validez de dicha cognición positiva de 1 a 7.
  • Fase 4. Desensibilización. Durante esta etapa se realizan los sets de estimulación bilateral (movimientos oculares, estímulos auditivos o tapping) y el paciente los seguirá teniendo en cuenta la imagen, los pensamientos y las sensaciones asociados con el evento traumático. Después de cada set, dará un feedback sobre lo que vaya experimentando y las series se repetirán hasta que la perturbación sea 0.
  • Fase 5. Instalación. El objetivo de esta fase es verificar la validez de la cognición positiva original y fortalecerla para que sustituya la creencia negativa asociada al trauma. Los sets de estimulación bilateral se repetirán hasta que la validez de la creencia positiva sea 7.
  • Fase 6. Escaneo corporal. Instalada la creencia positiva, se pide al paciente que vuelva al recuerdo original asociado a esa creencia positiva y explore su cuerpo mentalmente. Si hubiese cualquier manifestación física residual del recuerdo, se reprocesará hasta que desaparezca.
  • Fase 7. Cierre. Al final de cada sesión, y aunque no se haya completado el reprocesamiento, es necesario restablecer la estabilidad emocional del paciente con técnicas de relajación.
  • Fase 8. Reevaluación. Al principio de cada nueva sesión se repasarán los resultados de la anterior para evaluar si se han mantenido los efectos del tratamiento. Dependiendo de los resultados obtenidos, el terapeuta decidirá continuar trabajando con el target original o empezar con uno nuevo.

¿Para qué sirve?

Donde más se utiliza EMDR es en el trastorno de estrés postraumático y otras patologías relacionadas con el trauma. Cuando la gente escucha el término “trauma”, piensa en grandes catástrofes, accidentes o hechos muy violentos en los que está en peligro la integridad física, pero no siempre es así. Pequeñas humillaciones repetidas en el tiempo que provocan una profunda sensación de vergüenza o haber carecido en la infancia de los cuidados de las figuras de apego, pueden llegar a ser igualmente invalidantes.

Según Francine Shapiro, “trauma es cualquier hecho que ha tenido un efecto negativo duradero en la persona. Todos conocemos gente que ha perdido el trabajo, a sus seres queridos e incluso posesiones y como resultado, han sufrido intensamente. Cuando se pierde la paz del espíritu o si nunca se ha tenido, puede haber serias consecuencias físicas y psicológicas, sea cual fuere la causa”.

La terapia EMDR también se utiliza con buenos resultados en depresión, ansiedad, duelos, adicciones, fobias, trastornos alimentarios y, en general, con dificultades emocionales causadas por experiencias difíciles en la vida.

La terapia EMDR ayuda al cerebro a procesar los recuerdos traumáticos

¿Es realmente eficaz?

EMDR cuenta con numerosos estudios científicos que confirman su eficacia. Está avalada en el tratamiento del trauma por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Asociación Americana de Psicología (APA) y el Departamento de Salud y Asistencia Social del Reino Unido, entre otros organismos internacionales. También existen investigaciones que apoyan su efectividad en otros campos (psicooncología) y patologías (depresión, adicciones, fobias, trastorno mental grave…).

Si quieres acceder a algunos de estos estudios, puedes hacerlo a través de la Asociación EMDR España.

¿La terapia EMDR es también para niños?

Esta terapia puede aplicarse a todas las edades. En el caso de los más pequeños, lo que se hace es adaptar el protocolo a la edad y al desarrollo evolutivo del niño. Además, EMDR se combina con otros elementos terapéuticos como el juego, el dibujo o terapia familiar con los padres.

¿Cuántas sesiones son necesarias?

Algunos habréis oído que los efectos de la terapia EMDR son más rápidos que los de otros abordajes. En casos de trauma único o aislado (trauma simple), como haber sufrido un accidente de coche, bastarían cuatro o cinco sesiones. Pero si hay múltiples traumas desde la infancia (trauma complejo), puede ser necesario un año o más. ¿Por qué? Porque en el caso de la persona que llega a consulta muy traumatizada no se puede recurrir a la estimulación bilateral inmediatamente. Antes hay que estabilizarla y proporcionarle recursos y herramientas para que le resulte más fácil y menos doloroso afrontar el recuerdo.

El número de sesiones en terapia EMDR depende del tipo de trauma

¿En qué corriente psicológica se sitúa EMDR?

Uno de los motivos por los que utilizo EMDR es porque se trata de un enfoque integrativo que se compatibiliza con otros modelos. En función de las necesidades del paciente y del momento de la terapia, puede combinarse con abordajes terapéuticos, como mindfulness, terapia Gestalt, hipnosis o terapia cognitivo-conductual, entre otros.

Si te interesa:

Un libro

“Supera tu pasado. Tomar el control de la vida con el EMDR”, de Francine Shapiro. La creadora de la terapia EMDR ofrece información teórica y práctica sobre el modelo. Por un lado, explica cómo nuestro cerebro procesa la información emocional y como se bloquea ese procesamiento. Y, por otro, ofrece ejercicios sencillos y prácticos para identificar pensamientos y creencias disfuncionales y conseguir un cambio real.

La terapia EMDR es una terapia que recurre a la estimulación de los dos hemisferios laterales

EMDR (I): Bases de la Terapia de Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares

EMDR (I): Bases de la Terapia de Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares 1620 1080 BELÉN PICADO

(La terapia EMDR es un enfoque relativamente moderno y todavía desconocido para muchos. Por ello, voy a dedicarle dos posts para tratar de solventar algunas de las dudas que me consultáis).

EMDR es el acrónimo en inglés de Eye Movement Desensitization and Reprocessing (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares). Se trata de una terapia que recurre a la estimulación de los dos hemisferios cerebrales. Su objetivo: desensibilizar una situación traumática almacenada de modo disfuncional en la memoria e integrarla dentro de los recuerdos de una forma adaptativa.

Para llevar a cabo dicha estimulación se recurre generalmente a movimientos oculares (el paciente sigue con los ojos los movimientos de los dedos del terapeuta). No obstante, también puede hacerse con estímulos auditivos (sonidos alternos en un oído y otro) y tapping (golpecitos con los dedos en las rodillas del paciente o en las manos).

Enn EMDR el reprocesamiento se realiza habitualmente a través de movimientos oculares

El descubrimiento casual de Francine Shapiro

En 1987, la psicóloga estadounidense Francine Shapiro hizo un descubrimiento casual mientras paseaba por un parque. Cuando movía los ojos de un lado a otro y en dirección horizontal disminuían las emociones negativas asociadas a sus propios recuerdos dolorosos.

Entonces, empezó a estudiar el fenómeno. Primero con la colaboración de amigos y conocidos y luego aplicándolo en pacientes, concretamente en víctimas de abuso sexual y veteranos de la guerra del Vietnam. Enseguida confirmó que su método disminuía los síntomas de trastorno por estrés postraumático en estas personas. Dicho método consistía en pedir al paciente que pensara en una idea o recuerdo molesto mientras seguía con los ojos el movimiento de los dedos del terapeuta.

Redes de memoria

Todos hemos pasado por momentos complicados y no siempre es necesario acudir al psicólogo para volver a sentirnos bien. A menudo, basta con acordarnos de cómo superamos otras situaciones similares o hablar con alguien de confianza. Sin embargo, algunas experiencias dolorosas nos afectan mucho emocionalmente. Tanto, que no somos capaces de hablar de ellas sin angustiarnos. Incluso, revivimos el recuerdo una y otra vez como si estuviese sucediendo en este momento. Otras veces la experiencia fue tan traumática que quedó oculta en algún lugar de la mente. Hasta que un día, de repente, ante un hecho aparentemente insignificante se disparan aquellos recuerdos, emociones y sensaciones físicas y reaccionamos involuntariamente como si estuviéramos ante una amenaza vital.

Según la teoría del Procesamiento Adaptativo de la Información formulada por Shapiro, las personas contamos con un sistema de procesamiento innato. Este va asimilando las experiencias que vivimos y las deposita en redes de memoria interconectadas. Esa información se almacena en forma de sensaciones (imágenes, sonidos, olores, tacto, gusto), pensamientos (en el momento del suceso), emociones y creencias, que luego nos servirán como base para futuras percepciones, actitudes y conductas a lo largo de nuestra vida.

Los problemas aparecen cuando la nueva información se procesa inadecuadamente y queda almacenada de modo disfuncional en una red de memoria que no está conectada con el resto. Cuando ocurre esto, los recuerdos del suceso pueden activarse posteriormente de manera automática en forma de pensamientos desagradables, pesadillas recurrentes, miedo sin causa aparente… Incluso pueden llegar a condicionar nuestra conducta. Es como si el sistema de alarma de nuestra casa estuviese estropeado y saltase continuamente y sin motivo.

Los hechos vividos durante el día se van acoplando en redes de memoria interconectadas

La amígdala y las emociones

Además de saber cómo actúan las redes de memoria, para comprender cómo funciona la terapia EMDR debemos conocer tres zonas del cerebro: la amígdala, el hipocampo y el córtex prefrontal. Concretamente tres relacionadas con las emociones, la memoria y el aprendizaje y el procesamiento de la información. La amígdala es un sistema de alerta temprana que genera la emoción antes de que la corteza cerebral reciba el mensaje de que algo sucede. El hipocampo contextualiza la situación y ayuda a transferir la información inicial a la zona prefrontal de la corteza cerebral, donde se procesa. Normalmente, cuando vivimos un hecho con un componente emocional la información llega a la amígdala, de aquí al hipocampo y a continuación viaja al córtex prefrontal donde es procesado.

Si la experiencia es muy traumática se produce una excesiva estimulación de la amígdala y la información queda atrapada sin que pueda pasar a una red neuronal. En esta situación, el hipocampo no puede consolidar adecuadamente los recuerdos ni el contexto. Ni tampoco transferirlos a la corteza para que sean elaborados.

Vamos a verlo con un ejemplo: Imagina que estás sentado en el salón de tu casa viendo tu serie favorita y empieza a oler a humo. Tu amígdala es la primera en dar el aviso de “peligro” en el cerebro y, automáticamente, te activas, te alteras y tu primer impulso es huir. Pero esa información enseguida pasa por el hipocampo y llega hasta la corteza prefrontal. Entonces recuerdas que tus vecinos te comentaron que iban a hacer una barbacoa en su jardín. Te tranquilizas y sigues con tu serie. Esto es lo que ocurriría en circunstancias normales.

Ahora bien, ¿qué podría ocurrir si hubieses sido víctima de un incendio y ese recuerdo hubiera quedado atascado en la amígdala sin ser elaborado? Probablemente, ante el olor a humo habrían emergido las emociones del pasado. No como un recuerdo, sino como si estuvieses reviviendo el hecho, con el consiguiente sufrimiento que esta situación generaría.

La terapia EMDR ayuda a procesar recuerdos traumáticos

Cómo funciona la terapia EMDR

Este abordaje allana el camino para que el recuerdo traumático ‘atascado’ (en nuestro ejemplo, el incendio) y almacenado disfuncionalmente en la amígdala, se desplace a la corteza y pueda conectarse a una red neuronal. Una vez esa memoria se conecta a redes más grandes con información adaptativa, la información se reelabora y la experiencia traumática se integra. El recuerdo no desaparecerá, pero la persona podrá acceder a él sin que le perturbe ni le genere sensaciones negativas. Además, al facilitarse la modificación de emociones y creencias negativas, también cambiarán las actitudes y los comportamientos. La terapia EMDR activa el sistema innato de procesamiento de la información del cerebro, es decir, la capacidad de autocuración que tiene nuestra mente.

¿Y por qué la estimulación bilateral? Todo lo que la mente recoge en estado de vigilia, el cerebro lo procesa mientras dormimos. Durante la fase REM, que es cuando estamos soñando, se archiva en la memoria lo más relevante de la jornada. Entonces, se asimila aquello que no hemos podido elaborar del todo durante el día. Lo que hace la terapia EMDR es reproducir los movimientos oculares rápidos de la fase REM y provocar el reset que el cerebro hace de manera natural por la noche.

Si quieres saber más sobre la terapia EMDR, te invito a leer EMDR (II): Preguntas frecuentes sobre la Terapia de Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares.

Por qué no nos movilizamos contra el cambio climático

Cómo influyen emociones y creencias en nuestra percepción del cambio climático

Cómo influyen emociones y creencias en nuestra percepción del cambio climático 2560 1440 BELÉN PICADO

Impotencia, rabia, tristeza, miedo, depresión, culpa son algunas de las emociones que pueden emerger si nos paramos a reflexionar sobre el cambio climático. Entonces, ¿por qué no nos movilizamos para evitar que la situación empeore y llegue a un punto de no retorno?

Una encuesta realizada por el Real Instituto Elcano refleja que la mayoría de los españoles piensa que el cambio climático es la principal amenaza del mundo e, incluso, se consideran insuficientes los compromisos institucionales y políticos actuales. Sin embargo, a nivel individual somos mucho menos conscientes de nuestra cuota de responsabilidad. Nos situamos en el papel de espectadores o víctimas, pero no en el de personas responsables de la evolución del cambio climático. ¿Por qué ocurre esto?

El cambio climático es una realidad

Negando nuestra responsabilidad

La negación es un mecanismo de defensa que puede resultar adaptativo en ciertas ocasiones. Por ejemplo, ante la muerte de un ser querido la negación al principio del proceso ofrece algo de tiempo para empezar a asumir su pérdida. Por lo que respecta al ámbito del medio ambiente, la perspectiva de un cambio irrevocable del clima a nivel global es lo suficientemente aterradora como para activar defensas emocionales como la negación. Si no asumo mi responsabilidad personal y la delego en gobiernos y multinacionales, me resultará más fácil eludir la ansiedad y el sentimiento de culpa.

A esto se une, en algunas ocasiones, cierto “optimismo irracional”. Según esta creencia, la solución está en manos de los científicos que, tarde o temprano, encontrarán la forma de detener los efectos del calentamiento global sin que sea necesario que como individuos realicemos ningún cambio en nuestros comportamientos cotidianos ni en nuestro modo de vida.

El psicólogo y economista noruego Per Espen Stoknes habla de una «paradoja psicológica en el cambio climático». Dicha paradoja establece que al mismo tiempo que cada vez hay más pruebas y más consenso entre los científicos de que el ser humano es el principal responsable del calentamiento del planeta, también disminuye la preocupación y el apoyo a las políticas ambientales más ambiciosas. O lo que es lo mismo, somos conscientes de la amenaza, pero no pasamos a la acción.

En otros casos se produce una sensación de indefensión ante algo “demasiado grande y complejo” que está fuera de nuestro control como individuos. Ejemplos ilustrativos son frases como “Si los científicos y los políticos no se ponen de acuerdo, menos puedo hacer yo” o “El hecho de que yo deje de utilizar el coche a diario no va a resolver los problemas de contaminación”.

El modo en que percibimos la naturaleza también afecta al grado de inquietud ante el cambio climático. Así, percibirla como caprichosa e impredecible se asocia a una menor preocupación: si los procesos naturales no responden a una lógica específica no merece la pena preocuparse por ellos dado que son incontrolables.

Mientras no asumamos cierto grado de responsabilidad, es muy poco probable una conducta proambiental. Atribuir el calentamiento global al comportamiento individual, en lugar de hacerlo a procesos industriales globales, ayuda a percibirlo como algo más controlable desde la acción individual. Esto implica percibir el problema de forma más grave, pero a la vez aumenta la capacidad de poner en marcha acciones para solucionarlo.

Es necesario asumir nuestra responsabilidad individual en el cambio climático

Percepción del riesgo

El cambio climático es un problema ambiental global y, en cierta medida, impersonal y eso dificulta que lo veamos como una amenaza inminente. Los riesgos que son personales, concretos e inmediatos tienden a generar una mayor percepción de riesgo e indignación. Sin embargo, los que no suponen una preocupación urgente para nosotros tienden a producir más indiferencia. ¿Os habéis fijado que a menudo en los medios de comunicación se transmite información sobre escenarios futuros (2050, en los próximos 20 años…)?

Según el premio Nobel Daniel Kahneman, autor del libro Pensar rápido, pensar despacio: “Para que la gente se movilice por una causa ha de existir un componente emocional. Sea lo que sea, tiene que percibirse como respuesta a un asunto inminente y prominente, que sobresalga con fuerza propia sobre todos los demás».

El hecho de que el cambio climático se considere algo inevitable también influye en nuestra pasividad. Lo mismo que no saber con certeza cómo evolucionará en un futuro o que no tenga un origen concreto. Un incendio puede surgir por dejar una colilla mal apagada, por ejemplo. Pero el cambio climático es el resultado de una suma de malas actuaciones individuales y sociales.

Cuanto más cerca, más conciencia

Muchas de las informaciones que recibimos sobre el calentamiento global hacen referencia a lugares tan lejanos como el Ártico o la Antártida. Sin embargo, si ocurre una catástrofe natural o ecológica cerca de nosotros es mucho más probable que se produzcan movilizaciones. Es el caso de las numerosas concentraciones en Murcia desde que miles de peces aparecieron muertos el pasado octubre en el Mar Menor.

Manifestación por el Mar Menor

Según numerosos estudios, el “apego al lugar”, o vínculo afectivo que se establece entre las personas y el territorio que habitan, favorece la percepción del problema y tiene un efecto movilizador en las prácticas medioambientales. Asimismo, el modelo concéntrico de responsabilidad hacia los demás establece que se genera una responsabilidad más fuerte con aquellos que están física o afectivamente más cerca de nosotros.

Lo que está claro es que Tierra solo hay una y si seguimos mirando hacia otro lado acabaremos por cargarnos nuestro propio hogar. Para la mayoría, la Cumbre del Clima ha sido decepcionante, pero como individuos todavía estamos a tiempo de hacer algo. Las pequeñas acciones son las que acaban generando los grandes cambios. Este es el mensaje que busca transmitir el pequeño y precioso cuento con el que quiero finalizar este artículo.

-Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve? -preguntó un gorrión a una paloma.

-Nada de nada, le contestó la paloma.

-Entonces, si es así debo contarte una historia, dijo el gorrión:
Estaba yo posado en la rama de un abeto, cerca de su tronco, cuando empezó a nevar. No era una fuerte nevada ni una ventisca furibunda. Nada de eso.
Nevaba como si fuera un sueño, sin nada de violencia. Y como yo no tenía nada mejor que hacer, me puse a contar los copos de nieve que se iban asentando sobre los tallitos de la rama en la que yo estaba. Los copos fueron exactamente 3.741.952. Al caer el siguiente copo de nieve sobre la rama que, como tú dices, pesaba nada de nada, la rama se quebró.
Dicho esto, el gorrión se alejó volando.

Y la paloma, toda una autoridad en la materia desde la época de Noé, quedó cavilando sobre lo que el gorrión le contara y al final se dijo:
-Tal vez esté faltando la voz de una sola persona más para que la solidaridad se abra camino en el mundo.

La prosopagnosia consiste en la incapacidad para recoocer rostros

Prosopagnosia o la incapacidad de reconocer una cara conocida

Prosopagnosia o la incapacidad de reconocer una cara conocida 1920 1440 BELÉN PICADO

Hace unos días mi amigo Antonio se cruzó con una chica que le habían presentado recientemente y no dudó en saludarla. Ella se detuvo, le miró, se disculpó por no reconocerle y siguió su camino. Sorprendido porque solo unos días antes habían estado charlando durante horas, mi amigo se lo comentó a la persona que los había presentado. Esta le sacó de dudas: aquella chica padecía prosopagnosia.

La prosopagnosia es un extraño trastorno neurológico, conocido también como ceguera facial, que padece el 2 por ciento de la población. Lo que les ocurre a estas personas es que, pese a poder distinguir por separado las partes que componen un rostro (nariz, ojos, boca…), no son capaces de mantener esos elementos unidos y relacionados para identificar de quién se trata.

Entre los afectados, se encuentran personas tan conocidas como el famoso neurólogo Oliver Sacks, la primatóloga Jane Goodall, la princesa Victoria de Suecia o Brad Pitt. El actor reconoció sufrir prosopagnosia en una entrevista publicada en 2013 en la revista Esquire, donde aseguró que en más de una ocasión le habían llegado a tomar por “un maleducado”.

Tipos de prosopagnosia

Este trastorno no afecta en el mismo grado a todos los que lo padecen. Algunos prosopagnósicos, por ejemplo, pueden memorizar un determinado número de caras, mientras que otros apenas si identifican algunos rostros de sus familiares más cercanos. En los casos más graves, el paciente ni siquiera es capaz de reconocerse en el espejo.

Hay dos tipos de prosopagnosia, la adquirida y la congénita o del desarrollo. La mayoría de los casos documentados pertenecen a la primera. Suele estar causada por una lesión cerebral provocada por un accidente cerebrovascular, un tumor cerebral, un traumatismo craneoencefálico o una infección que afecte a determinadas partes del sistema nervioso central. Probablemente, el motivo por el que estos casos se conocen es porque se trata de personas que reconocían los rostros y algún accidente les impidió seguir haciéndolo. Por tanto, la incapacidad fue notoria para ellos.

Sin embargo, según los investigadores la prosopagnosia del desarrollo es mucho más frecuente. En este caso, los afectados no han podido reconocer bien las caras durante la mayor parte de sus vidas y en ocasiones no se dan cuenta de que padecen este desorden hasta que se les hace alguna prueba.

Una investigación realizada en el Instituto de Genética Humana en Münster, Alemania, concluyó que la enfermedad, además, tiene un alto componente genético. Tras examinar a 689 estudiantes, los científicos diagnosticaron el desorden a 17. En posteriores entrevistas con las familias de 14 de estos jóvenes, todos tenían, al menos, un pariente cercano con el mismo problema. Analizando estos resultados, pudieron establecer que esta condición se transmite por un gen dominante, lo que significa que si un padre lo tiene, sus hijos tiene un 50 por ciento de probabilidades de heredarla.

Algunas personas que sufren prosopagnosia no se reconocen al mirarse en el espejo

Un fichero fotográfico en el cerebro

En nuestro cerebro hay células especializadas en identificar rasgos de las caras que vemos y localizarlos rápidamente en la base de datos mental de las personas que conocemos. El cerebro cuenta con un sistema de almacenamiento, parecido a un álbum fotográfico, donde podemos guardar hasta 10.000 caras diferentes a lo largo de la vida. Según algunos estudios, cualquiera puede reconocer a gente que conoció hace diez años e identificar al 90 por ciento de los compañeros del colegio de hace 35 años.

El proceso tiene lugar en tres etapas: primero, percibimos a través del sentido de la vista los rasgos físicos de esa cara. Con esa imagen en la mente, el cerebro determina si esos rasgos son conocidos o no. En caso de que lo sean, el siguiente paso es identificar el rostro con el nombre que le corresponde.

Sin embargo, hay quienes son incapaces de reconocer rostros, incluido el de sus seres queridos y el suyo propio, pese a un funcionamiento intelectual y una capacidad visual intactos. Lo que hacen entonces es aprender a arreglárselas con esta situación. Desarrollan estrategias para distinguir a las personas basándose en pistas (corte de pelo, voz, forma de andar, silueta corporal, etc.). Además, evitan lugares donde podrían toparse con alguien a quien conocen o fingen caminar por la calle absortos en sus pensamientos para no pasar por maleducados. Y como se convierten en auténticos expertos a la hora de ocultar su condición, no resulta fácil identificarlos.

Además de entrenar las habilidades mencionadas, es posible trabajar con el reconocimiento de caras. Para ello se utilizan fotografías de familiares o amigos cercanos: emparejando imágenes idénticas, asociando caras y nombres, identificando expresiones faciales, etc. En la universidad estadounidense de Bethel, la profesora de psicología Sherryse Corrow acaba de poner en marcha un programa de entrenamiento computarizado para mejorar el reconocimiento facial en personas afectadas.

Las personas con prosopagnosia pueden entrenar el reconocimiento facial

Otros trastornos similares

Alexia pura: Los afectados por este trastorno no pueden leer normalmente, ni siquiera lo que ellos han escrito. Esto ocurre pese a una capacidad visual normal y pese a tener habilidad para entender lo que le dicen y escribir. Leen las palabras letra a letra, deletreando cada palabra antes de identificarla.

Zooagnosia: Dificultad para reconocer animales de la misma o de distinta especie.

Simultagnosia: El paciente fija la atención en un solo detalle de la escena que hay ante él y es incapaz de apreciar los demás objetos.

Metamorfopsia: Visión distorsionada de los rostros y dificultad para discriminar características faciales y gestos. Sin embargo, la capacidad para el reconocimiento de la identidad de las personas permanece intacta.

Acromatopsia: Incapacidad para percibir los colores de los objetos. Normalmente todo se ve en blanco y negro, pero en algunos casos el afectado puede distinguir los colores primarios.

Agnosia de movimiento: En este caso, la persona no puede percibir el movimiento de los objetos de manera continua. Por ejemplo, no vería un coche circulando, sino un vehículo detenido en una esquina; luego lo vería parado junto a él y, acto seguido, detenido en otra esquina. Estaría ante una secuencia interrumpida, sin continuidad

Si te interesa

Lectura: “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”. En este libro, el neurólogo Oliver Sacks recoge varios casos curiosos con los que se encontró durante su carrera. Uno de ellos, justo el que da nombre al libro, es el de un músico que sufría prosopagnosia y no era capaz de reconocer los rostros de las personas con las que se encontraba a diario, entre ellos el de su esposa.

 

Gracias a la sinestesia se pueden oír los colores y ver los sonidos

Oír colores, ver sonidos o saborear palabras: un don llamado sinestesia

Oír colores, ver sonidos o saborear palabras: un don llamado sinestesia 1920 1271 BELÉN PICADO

“Tengo un día gris”, “Veo la vida de color de rosa”, “Flipo en colores” o “Tu cara me suena” son para algunas personas expresiones literales. A Norma, por ejemplo, le gustan todos los tipos de música, pero los conciertos la afectan de un modo especial. “Siento el sonido de los violines como una caricia en los tobillos y el jazz repiquetea en todo mi cuerpo como la lluvia”, asegura. Aunque su afirmación suene extraña, no sufre alucinaciones, sólo posee una facultad poco común: es sinestésica. Según el departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada, la sinestesia es “la posibilidad de experimentar sensaciones de una modalidad sensorial (como la auditiva) a partir de estímulos de otra modalidad distinta (como la visual)”.

En cuanto a los tipos que hay, el antropólogo Sean A. Day ha clasificado más de 60. Algunas personas distinguen sabores al tocar objetos y a otras un sonido les provoca una experiencia visual. En algunos casos, el dolor, según la intensidad, se percibe de distintos colores. Hay también quienes perciben conceptos como los meses o los días de la semana como si fueran formas con una posición determinada en el espacio. Sin embargo, la más común es ver determinados colores al observar letras o números (sinestesia grafema-color).

La causa de esta forma tan especial de sentir lo que nos rodea se debe, sobre todo, al exceso de conexiones entre neuronas. Muchos expertos que han estudiado este fenómeno opinan que todos nacemos sinestésicos, pero al crecer cada área cerebral va especializándose y dejamos de serlo. Durante los primeros meses de vida, las zonas neuronales relacionadas con los sentidos están activadas, independientemente de los estímulos sensoriales. Luego, poco a poco y de forma progresiva, van desarrollándose áreas sensoriales específicas para cada sentido y las actividades de retroalimentación entre zonas multisensoriales y monosensoriales se van inhibiendo. Sin embargo, en las personas sinestésicas las interconexiones permanecen.

En España, según la investigación llevada a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad Complutense, un 13.95 por ciento de la población posee esta característica.

La sinestesia es involuntaria, incontrolable y estable en el tiempo

La sinestesia es involuntaria, incontrolable y estable en el tiempo

Algunas características de la sinestesia:

  • Tiene carácter hereditario. Este extraño fenómeno de la percepción parece tener un componente genético, ya que suele repetirse en varios miembros de una familia. Además, es más común en las mujeres que en los hombres, en una proporción de seis a uno.
  • Permanece en el tiempo. Simon Baron-Cohen, psicólogo de la Universidad británica de Cambridge, ha comprobado que las percepciones no varían con el tiempo. Para llegar a esta conclusión, dio a un grupo de sinestésicos y no sinestésicos una lista de letras, palabras y frases para que describieran el color o la forma que cada uno le evocaba. Una semana después, el 37 por ciento de los que no poseían esta característica respondieron igual que la vez anterior, mientras que al año las asociaciones del 92 por ciento de los sinestésicos fueron iguales.
  • Es automática e involuntaria. La persona que tiene estas percepciones no puede reprimirlas ni manipularlas a voluntad.
  • Es de carácter subjetivo, por lo que cada persona la experimenta de manera diferente. Por ejemplo, es muy posible que dos personas con audición cromática no coincidan en el color que atribuyen al mismo sonido.
  • Tiene connotación emocional. Esta facultad también influye en el estado de ánimo de la persona que la posee. A menudo, los sinestésicos experimentan una emoción positiva durante la percepción. Pero también pueden sentirse contrariados, tristes o molestos si un estímulo (una letra E o un número 8, por ejemplo) está de un color diferente al que ellos lo ven.

En cuanto a las desventajas, a veces hay problemas al centrar la atención durante la lectura, dificultad para diferenciar la izquierda y la derecha, discalculia o problemas con las matemáticas. Asimismo, puede haber alteraciones anímicas por el exceso de estímulos o, como se ha indicado, si los estímulos son incongruentes con la percepción del sinestésico.

Los sinestésicos tienen mayor sensibilidad artística

Lejos de suponer un problema, Richard E. Cytowic, especialista estadounidense en este fenómeno, opina que la sinestesia “ayuda a ser más consciente de lo que pasa a nuestro alrededor. Relacionar los diferentes sentidos hace que percibamos la realidad con mayor intensidad”. Es más, en ocasiones va unida a un mayor desarrollo de la memoria visual temprana, a un alto nivel intelectual y a una destacada calidad artística. Los escritores Vladimir Nabokov y Baudelaire, los pintores Van Gogh, Kandinsky y Paul Klee o el compositor Rimsky-Korsakov poseían esta alteración sensorial. También lo poseen personajes más actuales, como Pharrell Williams, Lady Gaga o Stevie Wonder, entre otros.

La sinestesia influyó en la obra de Kandinsky

Wassily Kandinsky, composición VIII.

Ver el aura, un fenómeno no tan sobrenatural

La percepción del aura que ciertas personas aseguran ver rodeando cuerpos y objetos no es resultado de un campo energético particular, sino de la sinestesia. Una investigación del University College de Londres describe el caso de una joven que veía diferentes colores como reacción a personas que conocía. De hecho, oír sus nombres ya era suficiente para tener esa sensación. Los nombres provocaban la aparición de un color que cubría todo su campo de visión y las personas en cuestión parecían irradiar un aura coloreada. Las palabras asociadas a emociones positivas suscitaban la aparición de colores (rosa, naranja o verde) diferentes a las que evocaban algo negativo (negro, marrón o gris).

Según los investigadores, esos colores no reflejan los supuestos campos energéticos que emiten los organismos, sino que son creados por el cerebro de la persona que ve el halo.

La percepción del aura es resultado de la sinestesia

En otro estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Granada, se analizó el caso de un curandero que decía ver el aura de las personas, entre otras habilidades. Se observó que mostraba un alto grado de empatía y esquizotipia (tendencia a la paranoia y a la alucinación en algunas personas sanas). Pero también se comprobó que presentaba dos tipos de sinestesia: color-rostro y tacto-espejo. La primera consiste en asociar cada persona con un color. La segunda se produce cuando el sinestésico observa a una persona que está siendo tocada o que está sintiendo dolor y él experimenta lo mismo.

Puede interesarte:

En el libro “Sinestesia: El color de las palabras, el sabor de la música, el lugar del tiempo…”, los expertos en neurociencia cognitiva Alicia Callejas y Juan Lupiáñez explican, entre otras cosas, por qué se produce la sinestesia y cómo afecta al cerebro.

“Flipar en colores” es el título de un interesante episodio del programa de TVE Redes en el que se analiza este fenómeno.

Los zurdos son sensibles y creativos

Los zurdos son imaginativos, sensibles, proclives al enfado y hábiles para la lucha

Los zurdos son imaginativos, sensibles, proclives al enfado y hábiles para la lucha 5760 3840 BELÉN PICADO

Sobre las personas zurdas ya se ha dicho de todo, que viven una media de nueve años menos que los diestros, que son torpes e ineptas, etc. Sin embargo, solo hay que echar una ojeada a algunos personajes famosos para demostrar que esto es falso: Leonardo Da Vinci, Mozart, Einstein, Picasso, David Bowie, Jimi Hendrix… El neurólogo Jorge Nagel asegura que “la proporción de zurdos es notablemente mayor entre artistas, dotados en matemáticas y deportistas”.

Curiosamente el porcentaje de zurdos se ha mantenido estable a lo largo de la historia, oscilando entre el 10 y el 15 por ciento de la población en general, en todos los continentes, razas y culturas. Así que es posible que este rasgo tenga claras ventajas evolutivas.

“¿Por qué soy zurdo?”

Hay varios factores que influyen a la hora de poseer esta característica.

  • Desarrollo mayor del hemisferio cerebral derecho. El hemisferio derecho rige el lado izquierdo del cuerpo y se ocupa de las funciones emocionales y creativas, por lo que los zurdos son considerados más sensibles e imaginativos. Esto también puede deberse a su necesidad de improvisar y adaptarse continuamente a un mundo diseñado para diestros. Además, manejan mejor las funciones motoras, de atención y de percepción del espacio que los diestros. También pueden procesar la información más rápido debido a que hay una mayor interconexión entre ambos hemisferios.

Los zurdos tienen el hemisferio derecho más desarrollado

  • Genética. Un niño de padre zurdo tiene alrededor del 10 por ciento de posibilidades de serlo, si lo es la madre estas probabilidades aumentan al 20 por ciento y si ambos progenitores lo son, las probabilidades suben al 50 por ciento. El porcentaje baja a un 4 por ciento si los padres son diestros.
  • Edad de la madre. Las mujeres que tienen un hijo con 30 ó 35 años tienen un 25 por ciento de posibilidades más de tener hijos zurdos.
  • Hormonas. Tener los niveles altos de testosterona durante el embarazo también influye. Esta hormona suele ser mucho mayor en los hombres, por lo que los varones tienen más probabilidades de utilizar más su izquierda.

Entre izquierda y derecha

El ser humano nace con una organización cerebral establecida. Hacia los 3 años el niño ya muestra una mano preferente, aunque suele probar ambas en numerosas ocasiones; de hecho, a esta edad la mayoría de los críos suelen ser ambidiestros. A los 4 años se empieza a utilizar una mitad del cuerpo más que la otra y a los 7 ya se opta por una mano para escribir, una pierna y un pie para jugar al fútbol y se utiliza un ojo y un oído más que el otro. También existe la posibilidad de que el niño utilice el ojo y oído derechos, pero chute con el pie izquierdo; es la lateralidad cruzada.

El psicólogo Bernabé Tierno asegura que forzar a un niño a utilizar la mano derecha puede acarrearle “trastornos del lenguaje (dislexia y tartamudez), motores (torpeza y lentitud gráfica y mental) y emocionales (enuresis)”.

Una buena forma de saber si tu hijo es zurdo o diestro es observar qué mano, ojo o pie utiliza en acciones espontáneas como abrir una botella, chutar la pelota o saltar sobre un pie.

Pero no solo los seres humanos utilizamos más un lado del cuerpo que otro; con los animales ocurre lo mismo. En las aves, por ejemplo, muchos loros y cacatúas usan preferentemente la pata izquierda para sostener el alimento o para llevárselo a la boca. Los canguros también prefieren utilizar sus patas izquierdas. En cambio, las ballenas jorobadas tienen preferencia por su lado derecho y así lo manifiestan cuando capturan a sus presas o cuando dan coletazos sobre la superficie del agua.

Hacia los 3 años, el niño ya muestra una mano preferente

Los zurdos y las emociones

El hecho de que haya más interconexión entre los hemisferios cerebrales también conlleva que procesen las emociones de forma diferente. Por ejemplo, hay una mayor actividad en las áreas de la corteza cerebral que procesan emociones como la ira y la hostilidad, lo que les hace más proclives al enfado.

Asimismo, toleran peor el miedo y las situaciones de estrés y suelen presentar más síntomas derivados del trastorno por estrés postraumático. En un estudio de la Universidad escocesa Queen Margaret varias personas vieron la película «El silencio de los corderos» y luego tuvieron que señalar las escenas que más les habían asustado. Muchos zurdos mostraron signos de estrés postraumático, memoria fragmentada y frecuentes repeticiones en el habla.

Los zurdos también son más tímidos y suelen mostrarse más inseguros y vacilantes a la hora de tomar decisiones difíciles.

Buenos en la lucha y en los deportes de contacto

Enfrentarse a un zurdo no parece una buena idea si hacemos caso de un estudio realizado en la Universidad francesa de Montpellier. Allí, un equipo de investigadores se preguntó por qué han seguido existiendo personas zurdas desde que se detectaron los primeros casos, hace 40.000 años, pese a que suelen nacer con peso más bajo, su tamaño corporal es menor y están más predispuestos a sufrir ciertas enfermedades.

La respuesta parece estar en su mayor habilidad para la lucha. Al parecer en las sociedades primitivas más violentas su número era superior. También compararon la tasa de homicidios y ejecuciones en ocho pueblos indígenas actuales, desde los Inuit del Ártico hasta los indios yanomami del Amazonas, y descubrieron que a medida que aumentan estos actos de violencia, el número de zurdos sube.

“Antes de que aparecieran las industrias del mundo moderno, las diferencias se arreglaban peleando. Y en este escenario los zurdos, siendo minoría, lograban sorprender a sus rivales, mayoritariamente diestros”, explica Charlotte Faurie, una de las autoras del informe.

Los zurdos, como Muhammad Alí, son buenos en deportes de contacto

La prueba de esta afirmación está en que los zurdos suelen sobresalir en deportes de contacto (Manny Pacquiao, Conor McGregor, Muhammad Alí) y también en los que se requiere una mayor rapidez de reflejos, como el tenis, el tenis de mesa, la esgrima o béisbol. Algunos ejemplos son Martina Navratilova, John McEnroe o Rafa Nadal, que siendo diestro de nacimiento ejercitó la izquierda hasta convertirse en un tenista zurdo. En cuanto al fútbol, aunque no hay estudios que demuestren la superioridad de los futbolistas, lo cierto es que algunos de los mejores utilizan su pierna izquierda, como Messi, Maradona o Pelé.

Puede interesarte:

«Mi hijo es zurdo», Juan Manuel Ortigosa. Se trata de una guía muy útil e interesante para padres de niños zurdos.

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