Triángulo del amor de Sternberg

El triángulo del amor de Sternberg o cómo comprender y cuidar nuestras relaciones (II)

El triángulo del amor de Sternberg o cómo comprender y cuidar nuestras relaciones (II) 1536 1024 BELÉN PICADO

Entender el amor a partir del triángulo del amor de Sternberg —intimidad, pasión y compromiso— nos permite poner nombre a lo que sentimos y reconocer las distintas formas que puede adoptar un vínculo. Sin embargo, en la vida real las relaciones no permanecen estáticas: cambian, se mueven y atraviesan etapas que a veces generan dudas, distancia o malestar.

Si en el artículo anterior nos detuvimos en los componentes del triángulo y en cómo su combinación da lugar a distintos tipos de amor, en este nos centraremos en entender qué ocurre cuando el equilibrio entre esos elementos empieza a resentirse, cómo influyen el paso del tiempo, las circunstancias vitales y la historia personal de cada miembro de la pareja, y qué puede ayudarnos a revisar y cuidar la salud de la relación.

Factores que alteran la armonía

El desequilibrio entre los distintos vértices del triángulo no suele producirse de forma brusca, sino que se va gestando con el tiempo, poco a poco y sin que la pareja sea plenamente consciente.

Cuando la intimidad se debilita

En muchos casos, el primer vértice que se resiente es la intimidad. El cansancio, las preocupaciones cotidianas o la falta de tiempo compartido hacen que se hable menos de lo importante, que se escuche con menos presencia y que la conexión emocional se vaya debilitando. Cuando la intimidad disminuye, la relación puede seguir funcionando, pero se vuelve más superficial o mecánica.

La pasión frente a la rutina y el estrés

La pasión, por su parte, es especialmente sensible a la rutina y al estrés prolongado. No se trata solo de deseo sexual, sino de esa energía que impulsa a buscar al otro, a sentir ilusión y a mantener viva la atracción. Etapas vitales exigentes —crianza, problemas laborales o una sobrecarga emocional sostenida— suelen relegarla a un segundo plano. El problema no es que la pasión fluctúe (algo normal), sino que se asuma su pérdida como irreversible o se deje de cuidarla por completo.

El declive silencioso del compromiso

El compromiso también puede tambalearse, aunque a veces lo haga de manera menos visible. En algunas relaciones se mantiene por inercia, por sentido del deber o por miedo al cambio, mientras la intimidad y la pasión se han ido erosionando. En otras ocurre lo contrario: uno desea reforzar el proyecto común y el otro empieza a cuestionarlo, dando lugar a un desequilibrio que genera inseguridad y tensiones en la relación.

Prioridades diferentes

Otro factor habitual es que cada miembro de la pareja otorgue un peso distinto a los vértices del triángulo. Para una persona, el compromiso puede ser la principal prueba de amor mientras que para la otra, lo esencial es sentirse emocionalmente conectada o deseada. Cuando estas diferencias no se ponen sobre la mesa, es fácil vivir como desamor algo que en realidad tiene que ver con prioridades distintas, necesidades no expresadas o expectativas que no se han revisado.

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La influencia de la historia de apego

La forma en que aprendimos a vincularnos en la infancia influye en cómo vivimos, ya de adultos, la intimidad, la pasión y el compromiso dentro de la pareja. Los estilos de apego ayudan a entender por qué algunos aspectos del triángulo del amor nos resultan más fáciles de sostener que otros.

Cuando predomina un estilo de apego seguro, suele existir una mayor capacidad para tolerar los cambios propios del vínculo. La cercanía, el deseo o el compromiso pueden variar sin vivirse necesariamente como una amenaza.

En las personas con un estilo de apego inseguro preocupado (también denominado ansioso o ambivalente), la intimidad ocupa un lugar central, pero va acompañada de miedo a la pérdida y de dudas persistentes sobre el compromiso, lo que puede dar lugar a relaciones intensas, aunque inestables.

Por el contrario, quienes presentan un estilo de apego inseguro evitativo o distanciante tienden a sentirse más cómodos con la autonomía o con acuerdos estables, pero pueden tener dificultades para sostener la intimidad o el deseo cuando la relación empieza a exigir una mayor implicación emocional.

En el caso del estilo de apego desorganizado, la vivencia del vínculo suele oscilar entre el acercamiento y la retirada, lo que dificulta mantener un equilibrio estable entre los distintos vértices del triángulo.

El peso del contexto cultural y social

La forma en que entendemos el amor está muy influida por la época, la cultura y las ideas con las que hemos crecido. Durante mucho tiempo, en modelos de pareja más tradicionales, el compromiso fue el eje principal del vínculo. Prevalecían la estabilidad, el seguir juntos a largo plazo y la idea de “aguantar”, incluso cuando la intimidad o la pasión tenían poco espacio, o directamente estaban ausentes.

Hoy, sin embargo, muchas personas ponen el acento en otros aspectos. Se da más importancia a la conexión emocional, a la comunicación y a sentirse bien dentro de la relación. Para muchas parejas, si no hay intimidad o si la pasión desaparece por completo, el vínculo empieza a perder sentido, aunque el compromiso siga presente. Este cambio ayuda a entender por qué relaciones que antes se aceptaban como normales ahora generan insatisfacción o malestar: no siempre es que falte amor, sino que han cambiado las expectativas sobre cómo se espera vivirlo.

Exigencias y expectativas

La cultura del rendimiento y la inmediatez en la que vivimos nos ha acostumbrado a que todo funcione rápido, de forma eficiente y sin demasiadas interrupciones, y a interpretar cualquier pausa, cambio o descenso de intensidad como un problema que hay que corregir. Esa misma lógica es la que, sin darnos cuenta, trasladamos muchas veces a la pareja.

Esperamos que el vínculo responda siempre al mismo nivel y que cubra muchas funciones a la vez: compañía, apoyo emocional, deseo y proyecto vital. Cuando alguno de los vértices del triángulo —intimidad, pasión o compromiso— fluctúa o pierde fuerza, puede aparecer la sensación de que “algo va mal” o de que la relación se ha roto. Sin embargo, estos movimientos a menudo forman parte de la evolución natural del vínculo y no indican necesariamente que el amor se haya terminado.

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Algunas ideas para mantener equilibrado el triángulo

Cuidar una relación no es algo que suceda por sí solo. Requiere atención, dedicación y pequeños gestos cotidianos que ayuden a sostener los tres vértices del triángulo de Sternberg. Estas ideas pueden servir como guía para revisarlos y fortalecerlos.

Fomenta la intimidad. Es importante cuidar la conexión emocional y crear espacios de seguridad donde ambos podáis mostraros tal como sois.

  • Escucha de verdad. Dedica tiempo a entender lo que tu pareja siente o piensa, sin interrumpir ni juzgar.
  • Compartid tiempo de calidad. No necesitáis grandes planes; basta con una conversación sin prisas, un paseo o una cena tranquila pare reforzar vuestra conexión.
  • Expresa el afecto de forma explícita. Decir «te quiero», abrazar a tu pareja, o tener pequeños gestos de cuidado contribuye a consolidar el vínculo y a intensificar la sensación de cercanía.

Mantén viva la pasión. Nunca es tarde para reactivar el deseo; la clave está en no darlo por sentado y en introducir pequeños cambios que ayuden a salir de la rutina:

  • Introducid algo de novedad. Hacer cosas diferentes juntos —incluidas citas solo para vosotros— reactiva la curiosidad y la atracción. La pasión se alimenta, en buena parte, de lo nuevo y de romper con lo previsible.
  • Cuidad el contacto físico. No se trata solo de sexo: las caricias, tomarse de la mano o los besos espontáneos mantienen viva la conexión corporal y el deseo en el día a día.
  • Recuperad el juego y el coqueteo. Miradas cómplices, mensajes sugerentes o bromas que solo vosotros entendéis os ayudarán a mantener viva la chispa.

Reforzad vuestro compromiso. El compromiso también se expresa en acciones cotidianas y en cómo se cuida la relación día a día:

  • Hablad de vuestro futuro. Compartir planes, desde algo cercano como un viaje hasta proyectos a más largo plazo, ayuda a construir un proyecto común.
  • Abordad los conflictos con respeto. Las diferencias son inevitables; lo importante es evitar los ataques personales y buscar soluciones que tengan en cuenta a ambos.
  • Sed coherentes y reafirmad vuestra elección. Cumplir los acuerdos, ser fiables en lo cotidiano y recordar por qué estáis juntos refuerza la confianza, especialmente en los momentos difíciles.

Abordad las diferencias de expectativas. No tenéis que pensar igual o estar de acuerdo en todo, sino poder hablar de ello y llegar a un consenso en lo principal:

  • Hablad con claridad. Evita dar por hecho lo que tu pareja necesita; pregúntalo y expresa también qué esperas tú.
  • Buscad acuerdos. Negociar, en lugar de imponer, ayuda a que ambos os sintáis escuchados y tenidos en cuenta.
  • Cultivad la flexibilidad. Ceder en algunos momentos no significa perder, sino cuidar el vínculo y prevenir conflictos mayores.

Adaptaros a los cambios y creced juntos. Las relaciones evolucionan con el tiempo, y eso es parte del camino. Lo importante es poder acompañar esas transformaciones sin vivirlas como una amenaza:

  • Aceptad que cada momento tiene su propio ritmo. Es normal que la pasión fluctúe o que el compromiso cobre más peso en determinados periodos.
  • Preparaos para afrontar los distintos momentos vitales. Desde la llegada de hijos hasta los cambios laborales o el envejecimiento, todo influye en la pareja. Afrontar estas transiciones como un equipo reduce el desgaste que suelen generar.
  • Revisad cómo estáis de vez en cuando. Hablar de cómo os sentís y de qué necesitáis en cada etapa os permitirá prevenir distanciamientos y reajustar el vínculo antes de que el malestar se acumule.

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Ejercicio para hacer en pareja

Este ejercicio, basado en el modelo de Sternberg, puede ayudarte a reflexionar sobre el momento actual de tu relación y a detectar posibles desajustes entre lo que sientes, lo que deseas y lo que crees que está viviendo tu pareja. Lo ideal es que cada uno lo haga por separado y, después, lo comentéis juntos.

Dibuja tres triángulos y escribe en cada vértice uno de los componentes del amor: intimidad, pasión y compromiso (si lo necesitas, puedes consultar la primera parte del artículo).

Tu triángulo real

Puntúa de 0 a 10 cómo sientes actualmente cada uno de esos elementos en vuestra relación.

Tu triángulo ideal

Puntúa de 0 a 10 qué nivel te gustaría que tuviera cada componente.

El triángulo de tu pareja (según tú)

Puntúa de 0 a 10 cómo crees que tu pareja vive actualmente la intimidad, la pasión y el compromiso; es decir, cómo piensas que ella o él ha valorado su propio triángulo real.

Una vez lo hayáis completado los dos, observad los resultados con calma.

Si tu triángulo real muestra puntuaciones bajas o muy desequilibradas, puede estar señalando aspectos que necesitan atención. Si hay mucha distancia entre el real y el ideal, quizá exista un desajuste entre tus expectativas y la realidad. Y si la valoración que has hecho sobre tu pareja es muy distinta de la que ella o él ha hecho sobre sí misma/o, puede que estéis percibiendo la relación de forma diferente y merezca la pena hablarlo.

Más que buscar conclusiones cerradas, el objetivo es abrir un espacio de diálogo y entender mejor qué necesita vuestro vínculo en este momento.

Referencias bibliográficas

Sternberg, R. J. (1986). A triangular theory of love. Psychological Review, 93(2), 119–135

Sternberg, R. J. (1989). El triángulo del amor: intimidad, pasión y compromiso. Barcelona: Paidós.

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